martes, 15 de febrero de 2011

Cachalotes en Fuentesaúco

A la vez que Silvio anda defendiéndose con sarna de las manifestaciones que hay por todo el mundo sobre su persona y el modo en que trata a las mujeres, cientos de tunecinos cruzan el Mediterráneo (si señores, allí también hay pateras) buscando escapar de las redes de la revuelta de su país. Buscan los africanos un destino mejor, dicen que civilizado, y justa o injustamente, buscarán hacerse un hueco en lo que llaman Europa, la tierra de las oportunidades de éstas latitudes. América está muy lejos para ir en cayuco…

Como andamos ocupados con historias de Túnez y Egipto, olvidamos a esos otros que llegan casi cada día a las islas Canarias, o a los que naufragan a pocos metros de playas gaditanas. Nuestros políticos andan más a otras cosas. Y apartan la atención de los mares.

El telediario muestra otra víctima de género. Casi como el pan de cada día. Otros tiempos eran atentados, bandas armadas, secuestros… Ahora toca esto y el relleno de las listas de los diferentes partidos políticos, porque las elecciones están cerca, y todos quieren salir en la foto. ¡Háganse a un lado, que si no me dejan sitio, monto mi partido aunque me llamen tránsfuga!
Los de a pie, mientras tanto, luchamos bajo un frio cada día más intenso. Engrosamos las listas de un INEM de récord, y sorteamos la cantidad de obras paradas en que el plan E ha dejado nuestras calles. Los no tan afortunados seguirán aparcando en tierra. Eso si todavía se tiene coche.

Dejaré que pasen las horas y los días, esperando descolgar alguna llamada de un trabajo esperado, como así prometieron, y no escuchar ofertas de portabilidad telefónica, ver con envidia que otros pueden ahorrar y otros no tenemos de dónde sacar un fondo, y leeré las últimas joyas de la Junta de Castilla y León, que sigue sin amonestar al alcalde de Valladolid al asegurar que Pucela es la capital de la Comunidad, véase también la web del consistorio, o que se abre la veda para cazar cachalotes de paso que se cogen lentejas de la Armuña, garbanzos en Fuentesaúco, cecina en Vegacervera, o vino en la ribera del Duero. Ojo no encallen a orillas del Torío.

jueves, 10 de febrero de 2011

A los amigos del cole

Celina entraba en clase, con los pantalones ajustados hasta los sobacos, una torera por chaqueta, melena al viento y algunas carpetas bien encajadas bajo el ala. Soltaba algún chiste macabro, nos dejaba caer un pum, algo de tutoría, mal comportamiento, malas notas… algo… que hacía sonrojarse hasta al que mejores notas había sacado, y para que nos relajásemos sus chiquis hacía alguna gracia sobre Javi y su padre el catedrático… menos mal que fue de antaño, si es ahora…

Elisa nos llevó una o dos veces sólo a aquel su escondrijo, aquel desván del cole, de techo de caída, que a ella no importaba, pero que ya a mi me parecía incómodo de darle a la probeta con la cabeza inclinada. Iñaki y yo no teníamos problema, pero a cambio, los terrenales aspirábamos de lleno el aliento de resaca del vino catedral de León, botellas escondidas en dicha caverna, y patrocinador del equipo de fútbol con que debuté en el Loyola, y que usaron mis pupilos cuando fui yo entonces el entrenador.

Mallo, que se salió de cura por la Colombiana, se cogía las manos a la espalda, apenas llegaba a engancharse los dedos. Se paseaba después de haberme mandado escribir algo en el encerado y nos preguntaba para que buscásemos respuestas. Yo mientras estaba allí delante jugando con la tiza, mirando tan para abajo que el espectáculo del cogote debía de ser de casi rotura, a punto de caérseme la cabeza al suelo. Decíamos unas cosas u otras, y él reía con nuestras tontadas pubertinas al escuchar eso de ecuación que satisfaga, y abrochándose la bata decía, será que tiene que ser así.

Leandro olvidaba la educación física para centrarse un mes entero en bádminton. Menos mal que no le dio por hockey. Luego de repente en cuatro clases hacíamos el salto de altura y tiro de balón medicinal, el pi y salto del potro, la velocidad y salto de longitud y el kilómetro. Todo ello bien pero veníamos de dar dos vueltas al campo de fútbol y matándonos a correr Fermín, Iñaki y yo, para recoger un balón y hacer deporte. Ale. Pachanga y punto. A recoger esos centros de Guillermo desde la banda. Se acabó la clase. No me creeréis pero recuerdo el día que corrimos los 100 metros con Serafín.

Marcial era el típico bonachón que tenía todo controlado. Aquel su minilápiz metido en su bolso de bata, con papeles, chuletas, horarios de autobuses, de comedor y todo lo que podías imaginar, no daba crédito al golazo marcado por Fermín por la escuadra del kiosko, amén de petisús y palmeras volando y cabezas de gritones por conseguir una maldita bolsa de los químicos garrochitos. Nos quedamos una temporada sin balón por mentirosos. Pero fue verdad y de las buenas.

Cristina Celemín pasaba páginas de cuaderno grande, de anillas, buscando y atemorizando para ver quién tenía hechos los deberes. Si llegabas tarde de gimnasia. Cero. Si te habías quedado a esperar a Jorge, que había tenido pelea de cintos en el vestuario con Santiago. Cero. No los tengo. Cero. Los tengo a medio hacer. Cero. No sé hacerlo. Cero. Lo hice pero mal. Cero. Yo es que… Cero. Y si insistías te respondía, para nada guapo, para hacerlo mal, no lo hagas. Y volvía a pasar hojas y hojas en su gran cuaderno. Cómo me gustaría ver uno de esos. Bendita enseñanza de inglés. Menos mal que entró AEGEE en mi vida.

Qué tiempos de BUP, y qué buenos amigos traía de antes, até entonces, y tengo ahora. Esto va por vosotros. Y los que no estábais en ésto, ya os tocará.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Podría ser un país sin civilizar

Podría ser un país sin civilizar, quizás una de esas ciudades estado o polis griega ante el presunto avance persa, tirándose los trastos a la cabeza porque las letras y la democracia, ya no quedaban espartanos, serían incapaces de frenar a las hordas asiáticas, desparramándose las togas manchadas de sangre en los hemiciclos por diversidad de opiniones y compras del Senado…

Podría ser un país sin civilizar, quizás una de esas tribus previas a la llegada de los españoles en el Nuevo Mundo, que se reunían en torno a un fuego y escuchaban leyendas de los dioses y aprendían de los hechos de los antepasados, y que empuñando un hacha de piedra, luchaban pintados invocando al cielo y tierra por mantener con vida a su pueblo, ante la pólvora y la barbarie colonizadora.

Podría ser un país sin civilizar, quizás un pueblo venido de restos romanos, que progresó en los años oscuros de la edad Media, cuando lo propio hubiera sido abandonar la vieja ciudad romana, llegando ahora a ser cuna del parlamentarismo actual, con hazañas y pompa de caballeros, opulencia religiosa y un asalto al rey por un bastardo, dicen, que aquí es venerado y allí criminalizado, en aras de cambiar el ritmo y gobierno de una tierra…

Podría ser un país sin civilizar, si, quizás un país adorador del fútbol, del buen vino, de tierras de encanto, de cinéfilos de antaño y pizza y pasta. De restos de tiempos mejores y un renacimiento que lo sacó al frente después de un imperio de acueductos, vías, latín y gloria. Podría serlo, sí, pero se quedó estancado idolatrando a un viejo de cara artificial, estirada y pintada, que ni parecido a Plinio, compra y manda sobre la libertad de expresión, de prensa, controlador de la libertad, pese a ser el líder del partido del mismo nombre y alentador de un desorden público, que empezando por niños sin ganas de ir a clase, se mueven sin concierto en una farándula que quiebra más la imagen exterior de una bota, que más que golpear la bola de los sardos mirando al futuro, retrocede hacia el sin fin de islas croatas, para darse en su propio culo un azote interno, que cayó un día en recuerdo de duomo, que acabó con el otro cierto día a palazos y saliva en la plaza de Loreto, al final del Corso de Buenos Aires milanés, y que va dejando perderse los restos de algo que lo hizo grande, adiós Pompeya, adiós, y hundirse bajo las aguas a quien mandó en latín en la gran ciudad de la Constantinopla griega, la Estambul turca y el origen del Lepanto hispano.

jueves, 21 de octubre de 2010

Rubal... la acaba

Hacía más de un mes que no dejaba por aquí mis letras. Un mes cargado de actualidad, de un viaje al corazón de la Toscana, lugar de descapotables y fular al aire en que me vi inmerso con un día de sol por Siena y San Gimigniano, otro de sol por la inmensa playa de Viareggio, Pietrasanta, Carrara… una perdición en lo profundo de la campaña, entre cipreses y uvas al caer el sol, perdiendo el desvío a Vinci, y una noche de aguas en Pisa, con esa torre y su conjunto que cada vez que lo veo me parecen más de “lego”. Más de Trenitalia, sucio, lento y sucio. Ah, ¿ya lo había dicho? Sucio, muy sucio, como el tema político en el país de la bota.

A mi vuelta, entrentamientos, “dijeydijistes” y casi huelga de basuras en el pueblo, un aeropuerto nuevo, enorme, lujoso pero sin vuelos en la ciudad, y una reforma del equipo de gobierno en el país. En Europa más expulsiones de rumanos, y en el mundo más catástrofes. Bolsas que se hunden y chilenos que suben. Un Rubalcaba que da serenidad pero que dice la radio que no da imagen guapa de revista, como si fuese un cantante y las adolescentes plasmasen su cara en sus carpetas... ya ves tú. Tampoco de la Vega era la Bruni… y tapadera en boca al del mitin en el Bierzo, donde hoy apuesta la Junta por poner allí un circuito de alta velocidad (los de La Bañeza se cargarán a alguien… lo veo) porque esa renovación que ha hecho es meter años en la Moncloa y en los asuntos firmados desde allí y sus satélites, olvidándose y retractándose de tanta juventud y falta de experiencia con la que empezó su mandato. ¿Cuándo aprenderá a resctificar y a decir, ok, me equivoqué? Dentro de unos años, ya veréis. También tiempo para descubrir a nivel de España lo tonto que es el alcalde de Valladolid y lo mucho que llevamos sufriéndole los leoneses… En casa, en el pueblo, todo se calma con un topetazo a quien manda en el Diario, que parece que fue quien provocó todo esto… pero que sigue descalificando un acuerdo que había de llegar por bien de todos, aunque esto significa un escalofrío más en la carrera laboral del que escribe.

Y en mi mundo, listas erróneas con falta de miembros, actas no firmadas, trabajo por hacer, cosas por venir, y montañas de mails de unos y otros, cuentas de correos repletas de mails y otras de spam, una nueva aventura en un servidor de apuestas online, subida de fotos para que todos vean lo bien que me lo paso, 6 meses ya del volcán islandés, ahora es turno de Estambul, planes para el finde semana con los amigos, tiempo para ir cerrando ciclos y abriendo otros y estas letras para arrancar la temporada de otoño y hacer honor a unas gotas que refrescaban en verano, y que son muy propias de este tiempo. Las gotas de lluvia son las ostias, y los rayos de sol la paz. ¿Y ahora quién atiende al Papa? El pollo al que cortaron la cabeza, desde luego, no.

jueves, 9 de septiembre de 2010

¡Uf, qué lío!

Está en la prensa que los mineros del norte de León y sur de Asturias andan revolucionados. Cortan carreteras, quitan barreras, queman lo que pillan de camino (espero que no los bosques, que vaya verano que llevamos). Vi una instantánea de un conductor desde su cabina, parapetado por su gran volante pidiendo clemencia ante un minero a punto de soltar una piedra, con el brazo ya en tensión. Así, pum, como si el gran David de Miguel Ángel lanzase ya la piedra para dar a la luna de Goliat.

Si que la andan liando, si.

Zapatero dice “dice” y “donde dice dije dije Diego” y nada se soluciona con el carbón. Sólo destrozos y más destrozos, y los autobuses tienen que bajar Pajares, como los de línea que paran allí, en Flor o en Puente, como si volviesen de Rodiezmo, porque el Huerna está K.O. Por cierto, qué caravana y cruz bajar un puerto detrás de un bus, de dos, de tres… de más de veinte que me crucé el domingo, y más allá, por Busdongo y hasta el cruce del Casa Ezequiel más de cincuenta, no exagero, y casi todos con gente y pañoleta roja, de los sindicatos, que andan a lo suyo preparando la huelga general, como si viniesen de San Fermín. Y hoy en Vistalegre... ¡ole!

Si que la andan liando, si.

Y es que vaya la que se está preparando con el tema de los toros. Unos dicen que si. Otros que no. Dejan autonomía a las autonomías, y aquí nadie sale al ruedo. Los protaurinos sacando más y más ooooles y capotazos a las leyes. Y los antitaurinos, desnudándose a las puertas de las plazas, manchándose de ketchup y mercromina y haciendo el paripé ante los medios y culpando a los políticos.

Si que la andan liando, si.

Y ahora llegan las elecciones locales. Y se respira aire y nervios. Los azules porque quieren dejar de ser la oposición y quieren dar el golpe desde abajo. Los rojos porque dicen que se está saliendo ya de la crisis y atacan con una reforma laboral sin mucho apoyo del pueblo. Los rosas porque buscan ser alternativa a lo de siempre, y en cada pueblo, grupos y clanes familiares, alzarse con algún puesto para los plenos, que reportan los votos necesarios para poder gobernar y hacer pactos con aquellos a los que un tiempo atrás se juró la guerra.

Si que la andan liando, si.

A ver si Obama termina de sacar a sus tropas, y los demás siguen el ejemplo. Que si infiltrados matando por unos. Los de allá sacrificándose por el otro. Y la religión cruzándose por el medio de un oriente con israelíes y palestinos, afganos con territorio que dicen kurdo, iraníes con bombas atómicas… no alcanzo a ver por allí una solución. Amén.

Si que la andan liando, si.

Tendré que echar un par de rezos. Eso si aún se estila, porque viendo el panorama de abusos, de pederastia y de perdones e inclinaciones que hace el Papa, que por cierto, no me extrañaría que tuviese pronto que usar el papamóvil de Wojtyla, será lo único que pueda hacer, porque sin trabajo, sólo queda meterse cura, que los andan buscando.

Si que la andan liando, si.

Al menos tendría un trabajo fijo, una serie de fieles y seguidores, sobre todo mujeres y sin marido, una empresa con gran historial y en boca de todos, que no necesita de carteles ni publicidad, trabajaría bajo techo, en una instalación toda para mi, me tendrían respeto fuera y dentro, en la calle y en los bares, y me respaldarían y darían propinas por la gracia del Señor… y con suerte llegaría a fin de mes cantando misas, tocando las campanas ¡y viviendo como Dios!

Si que hay lío, si.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

La misa, o dónde encontrar a las viudas al caer noche

La misa es una fiesta muy alegre, la misa es una fiesta con Jesús”. Así cantábamos en el colegio cada semana, dando palmas, con un par de monaguillos, o cuatro, y un Padre Sánchez Castro poniendo firmes a más de cien chavales que pronto dejaríamos de ser niños.

Cuán diferente son las misas de adultos a las del cole. ¿Una misa es una fiesta? Vale, no tenías mates, te juntaban con otras secciones, veías a las chavalas de otras clases, ya cansado de ver siempre a las mismas ñoñas y pijas que sólo buscaban que gustar a los de cursos superiores… Ahora las misas son congregaciones de luto y jubilación, de tembleques, palidez, mandíbulas sin casi dientes, susurrantes en momentos de silencio, esos de muestra de la ostia al cielo ¿qué rezan las viejas ahí?. Cantando antaño sintonías de comida, “fritos fritos fritos, fritos de maíz” de aquella, jeje, que risas y qué mal porque te lo cantaban al oído ya en la fila para comulgar. Menos mal que César Ramos y su legión de guitarreros cantaban y podíamos hablar un poco y se camuflaba el barullo… Cabos de año, segundos aniversarios, enésimos… recordando a difuntos con una mayoría de viudas espectacular... con un cura viejo, más bien gordo, calvo o canoso, que apenas puede hincar la rodilla en el suelo para la genuflexión y lo único que hinca es el codo con el brindis de la sangre de Cristo. Y digo yo, si nos invita a la cena y nos da pan, ¿por qué no reparte a los fieles un traguito de su sangre?

Otro momento particular en misa es el de la lectura. Con fieles de extrema religiosidad, que se ofrecen para salir a escena… es decir, al altar, a leer y buscar el texto entre cientos de separadores de colores. Un atril para políticos, un parapeto para los curas de antaño, esos que bajaron de los púlpitos colgantes junto al coro (siempre para estar sobre los fieles). Son también esas personas que, con el cura fuera de escena, vistiéndose para la ocasión con los colores que marca la moda, llevan la voz cantante en el rosario, avemariapspspsps, dios te salve maria pspspsps. Eso es un rosario. Sabes cuándo empieza, pero no sabes cuándo acabará…

Tras la lectura se levanta el cura y con él todos los fieles. Ahí va la lectura de una carta de alguien a alguien. En aquel tiempo… vino Jesús a no se dónde y dijo… Aventuras y pequeños cuentos y ensayos de la vida de Jesús, a los que puede hacerse un seguimiento novelesco, culebrón sin tele, o con tele, como en muchas iglesias de columnas gruesas, de planta de cruz que no ve al cura… y muchas ya, amplificadores de audio repartidos por las paredes. Palabra del Señor. Esa cesta con donativos…

El momento de la paz da para mucho. De niños nos golpeábamos y pellizcábamos sin que nos viese el cura. Ahora tus manos sudan, las das a los lados. ¿Te giras? ¿Y si el de delante no se gira a darte la paz y tú si que te giraste al banco de detrás, eres un inquieto? Momento que aprovecha mucha gente para otear quién hay. Al igual que con la comunión, un paseíto y alzo la vista para ver si está ésta, o vino aquella… o no sé qué la habrá pasado hoy a la otra para no haber venido…

Comulgar de la mano del cura, que ha estado (y que yo haya visto) tocando la mesa, la llave, el libro, la rodilla, el cáliz, mi lengua… ¿O comulgar haciéndole poner la olea sobre mi mano y de allí yo ya la meto en mi boca? Qué dilema. Sigue habiendo pasado por su mano… y además pasa por la mía, que he tocado a los de mi banco, a las de atrás, a las de delante, el banco, sujeté la puerta para entrar, cogí un folleto del Domund…

Momento silencioso, de reflexión, y de podéis ir en paz. Los hombres ya habrán salido, porque casi siempre se quedan atrás o en el coro formando a veces algo de alboroto. En el cole salíamos por filas. Momento interminable aquel… de empujones, de rodillazos…

Encuentro en la puerta, besos, no te había visto (directa a confesión: ya la vió una de las veces durante la gimnasia de arrodillarse, de pie, que se giró para atrás recogiendo la falda al sentarse en el banco), pues hace más frío fuera que dentro, yo tengo los brazos helados, ha venido un tiempo muy malo, no somos nadie, ya ves, pachucha, ¿y tú? Tirando, no vale una pa nada, y mañana es el cabo de año del marido de la vecina de mi prima la que una vez viste, ah si, vendré entonces, pues venga que ya está oscuro y tengo que hacer la cena, hasta mañana.

martes, 31 de agosto de 2010

Se abre la veda

El gol de Llorente abrió una nueva temporada. Una liga con nuevas ilusiones, con nuevas caras. Ahí vienen los guapos de un equipo, esas estrellas de poster y portadas de carpetas, esos entrenadores de cabecera y titulares de prensa, de palabras llenas de doble sentido aquí o allá, depende. Ahí están los otros, esa marabunta de jugadores a los que no llaman jugones, pero que llenan las plantillas de tabla para arriba, alguna sorpresa habrá; y esos otros, pobres, que siguen luchando por sacar un punto, tres puntos, la cabeza fuera de esa línea roja, o ese farolillo.
Nombres propios, motes, sin apellidos internacionales y otros como Erasmus en España…
De nuevo las quinielas buenas, no las del mundial, de nuevo éstas. Uno equis dos, no hay pleno. Transistores de paseantes de fin de semana. Domingueros con la radio en la mano y mujer y vecina a cinco pasos. Auriculares de trenes, sintonías de gol en los coches que pasan por las calles con la ventana bajada; y yo en el semáforo, buscando el autor o quién… ¡que no sea a mi equipo!.
Presidentes fardando de camisa y traje quién sabe si no de Lefties, gordos, sin puro ya pero de barriga repleta. Comilonas con los vices, secretarios y otros adjuntos, pelotas de corbata que suman un punto más de enfoque en el palco. Periodistas, cámaras, antenas, emisiones, reportajes, programas… todo está a punto. Todo ha arrancado. Todo desde la primera vuelta del Rey en manos de un colegiado de doble apellido y una escuela, que será criticado por ti, por mí y por todos mis compañeros. ¡Qué malo, uh, fuera!. ¿Pero no lo viste? ¡Es imposible no haberlo visto!. ¿Cómo que fuera de juego?
Jugadores, mercenarios millonarios de hoy en día, besucones de escudos que cambian al mínimo interés de otros colores. Rajadas descomunales, problemas de indisciplina, broncas de vestuario, charlas de qué estamos haciendo o no nos confiemos…; amores de padres de benjamines, ídolos de alevines, héroes de infantiles, querer ser de cadetes… lo que era y quién soy de aficionados...
El balón echó a rodar, y Llorente ya me creó la primera incógnita. ¿Qué vendrá después?

miércoles, 25 de agosto de 2010

De aquí y del otro lado

Saltó el amigo León de su sofá cuando escuchó lo de la liberación de los voluntarios secuestrados. Cada semana se había manifestado y pensaba que “bah, para nada”. Sabía que en la ciudad de su nombre también se manifestaban de manera similar, pero sólo cuando había maltrato y violencia de género. Se juntaban unos cuantos, algunas caras de políticos, foto, manifiesto, pancarta y para casa. Otro lazo más en el balcón del edificio de la Diputación, ese junto al de Botines, qué bonito... normal, era catalán, y de un tal Antonio… ay, suspiro...

En Barcelona había más gente, y últimamente se había escuchado que habría liberación. Pero no acababa de llegar. La Plaza del Rey, (ay su otro reino) se quedó en alguna ocasión pequeña y le vinieron muchos recuerdos y lluvias, chaquetas mojadas y gorros de esquimal, siempre vivido en estos nueve meses de angustia, de tristeza y pensamientos por querer saber dónde, por qué y qué pasaría. Faltó solamente esos días que había visitado León, invitado a gastos pagados por su amigo Antonio, tocayo del otro; amigo pudiente, amigo de sus amigos, de zona exquisita, romántica y ambiente cool, que lo pedía de venirse para siempre a orillas del Bernesga.

Más tarde vio la tele. Ahí salían en helicóptero, con sus mujeres; pronto llegarían al Prat, había que ir a recibirlos; y de paso volver a la tierra de su nombre, quizás ya se habrían iniciado las obras del tranvía, qué atropello de recuerdos, ay otro recuerdo más de Antonio… si; volver, volver y quedarse en la tierra patria del gobernante que lo daba libertad de ser, la tierra donde estaba su amor.

martes, 17 de agosto de 2010

El árbol de la pa-ciencia

Dijo el cuervo que aquí habría un aeropuerto. Un aeropuerto de emblema patrio. De esos de talón y firma porque tú lo mandas. De esos que traerían otras aves, otros insectos, y un futuro a ese árbol. Y aquí tiró los trastos.

Estuvieron los grajos por ahí encima, siempre jodiendo. Picaban grano de aquí, lo tiraban allá, y el cuervo siguió adelante. Una lechuza emparentada con las gaviotas se hizo cargo de cumplimentar lo que el cuervo dio a su árbol pero atacada por las golondrinas locales, esas que esquivan y giran bruscamente, lo cayó. Abajo una golondrina herida a la que nadie entendía por su raro cantar, sufría víctima del holocausto de la copa, y pronto los buitres irían a por ella. Los buitres, si, esos carroñeros que rebuscan de animales muertos, y este árbol bien los daba. Los buitres cogían los restos y los esparcían por su río, valle y playa fluvial, allá por doquier, todo con tal de que la carroña no quedase para otros. Creo que los buitres y los grajos en parte eran amigos…
El cuervo mientras iba y venía oteando y en cierta ocasión luchó contra pájaros carpinteros y cigüeñas, esas aves que trabajan por sus casas, por sus nidos y familia. Incluso se quedó sin volver a su nido como hacía cada año, porque éstos se hicieron fuertes y temió por seguir adelante en la copa de su árbol. Ya entonces había empezado a sacar los ojos a toda ave en ese tronco y a cortar las alas a esos otros que empezaban a volar.

Hace unos días pió que su rama aeropuertaria estaría lista cuando empezase a caer la hoja, con lo que golondrinas, grajos y rapaces se empezaron a alterar, quizás pensando en la solución para el invento del cuervo y para que al no darla, como parecía ser, peligrase su destierro y migración a otro árbol donde cantar y darle al pico. Ya se sabe, en primavera habrá nuevos huevos y para ello muchos ya están bailando y mostrando sus colores.

jueves, 12 de agosto de 2010

El cuento de la lechera

Juanjo se levantó ésta mañana sobresaltado. Era como si en su último sueño hubiese corrido algún peligro hacía unos instantes. Aún así, siempre cuidadoso, se calzó las mismas sandalias que le habían acompañado desde aquellos campamentos de adolescentes en las playas de Galicia y se escondió varios minutos en el baño, saliendo después silbando con una toalla ya apenas sin felpa en la cintura y el pijama en una mano.

No le vi más hasta llegar a la cocina. Metió el pijama en la lavadora heredada de su tía abuela la rica y pronto se hizo un sandwich. Una loncha de jamón york de oferta y sin queso. Cosas de la crisis. Con la boca llena cantaba con la mirada perdida en la ventana esa del chinazo. Había un brillo en sus ojos. Bebió el tazón de leche que acababa de servirse más bien templada, con 4 granos de café del fondo del sobre. Dos cucharadas de azúcar duro a cambio de endulzar un día que prometía histórico. Hoy empezaba a trabajar en una nueva obra. En un servicio contratado por el Ayuntamiento de su ciudad que había resultado contradictorio y del cual se había nutrido la prensa local en los últimos meses. Que esto aquí, que va por allá, y un sinfín de anomalías, que bien un periódico afirmaba, y el otro lo desmentía. Así desde que habían dejado lo del Aeropuerto sentenciado y más o menos en marcha. Ahora Juanjo entraba en una cuadrilla de contrata entre empresas y el consistorio. Ni siquiera tuvo que pisar las oficinas de la avenida, y había accedido gracias a su primo el rico, que había trabajado con esa empresa y llevó el curículum allí donde pocos o contados, llegan.

Esto era ilusionante. Un nuevo trabajo por el que tenía un nuevo mono, y unas nuevas botas. Quedaría de pasar su primo a buscarlo, pero éste no llegaba.
Presa del pánico, viendo bien entrada la hora de trabajar en su mítico e inagotable Casio, y sin noticias de Ramiro, Juanjo cogió el móvil, pero mierda, no tenía recarga y tampoco recibía más anticipos. Algo habría pasado… Recogió los restos del desayuno. Hizo la cama y sacó un pijama nuevo para debajo de su almohada. La casa no era gran cosa, pero era lo que había podido alquilar a duras penas con el sudor de su frente, y ante el próximo fin de paro, no le quedaba otro remedio que apuntarse a lo que fuese, si no quería regresar al pueblo con sus padres, hermana y cuñado, ¡dios cómo odiaba a su cuñado...! Prefería seguir ahí sin poder traerse a su novia a vivir consigo. La ciudad cambia Juanjo, y tú formarás parte de ese cambio. Y el pueblo había rozado su tentativa.

Juanjo estaba ilusionado. Formar parte del cambio de un lugar es algo increíble, y él ahora estaba a punto de hacerlo. Con este trabajo y varios meses aseguraría el alquiler, traería a su novia y quizás sacase algún chapú este tiempo. Con lo que estaría trabajando pasaría la crisis y lloverían las ofertas en esos pisos y ese barrio a medio hacerse a las afueras. Juanjo corrió a la salita. Había dejado allí su móvil. Juanjo, escucha. No pasaré a buscarte. Han cancelado la obra. No hay trabajo. Pásate por la oficina que tenemos que firmar el finiquito.

Todos los sueños al traste. Una ilusión cortada de arriba a abajo. Firmaría un despido por un trabajo no realizado, y mañana, vuelta a las colas del paro. Pensó en su novia. Pensó en sus padres. Pensó en nada. Pensó en el Alcalde. En los técnicos. Pensó en los periódicos, en la radio, en la tele... Pensó en el cuento de la lechera, porque él fue el lechero durante un tiempo. Pensó en en en…