viernes, 27 de febrero de 2009

Ciao (adiós y hola)

Justo o injusto. No lo sé. Santiago, el que dijeron hermano de Jesús, lo era. Injusto, que a Cary Grant sólo le dieran un Óscar honorífico. A ET ninguno. Vale.

Mucho tiempo pasó desde el último escrito. Un tiempo de viajes, de intensas emociones, de subir y bajar de aviones, de autobuses, trenes (sin silbato y sin ser jefe) de caminatas con la mochila al hombro (bici en el almacén) y un bocata envuelto en aluminio contaminante. Al suelo, y el rugir del oso panda. Un tiempo de fuertes sentimientos y pérdidas de visión, adiós Ordoño. Una época difícil, de nieves que coparon los pies y rodillas de los viandantes, de despidos, ruido y abandonos políticos, deportivos… Cayeron las bolsas económicas al ritmo que bajó el oro negro: culpable, al fin y al cabo. Panta Rei. Todo fluye, y el deshielo primaveral adelantado arrastró un dolor y unos restos de una civilización decadente desde que la toga dio paso a la calza y al pilum. Adiós a ti también. Con una piedra arrancada de la misma Acrópolis apedreaste al profeta en tierra de nadie, en estado de sitio, pero con luces de Navidad. Panoli. Árbol ardiendo sin ser verano. Ahí nació la democracia. ¡Viva!. Sofia, que bueno que viniste. Adiós he dicho, por no aguantar una miseria convertida en tiempo y ver conmigo el cielo heleno.

A parte empieza este punto, y una nueva vitta. Volverán las oscuras golondrinas, lo sé, pero habrá que volar con ellas dando quiebros y gyros en el aire, al viento, al soplo de Eolo, ya bien griego, ya bien romano, que es de los pocos que no cambian por gustar a ambos bandos.

Veo el sol en la montaña, aunque aquí persiste aún la niebla. Que sople el hijo de Júpiter, o Poseidón, a saber, y esparza la mierda por doquier, pues esparcida aparenta menos que en un montón. Barbarie exiliada, amigos allá de herejías. El Age of Empires no ha hecho más que pulsar inicio. Bienvenido.

viernes, 26 de diciembre de 2008

¿Pasó ya Navidad?

Suponiendo que haya pasado Nochebuena y el día de Navidad del 2008, te escribo estas líneas.

Habrá pasado, supongamos, como cada año. Tu madre y tu abuela llevarán días pensando en el menú, y si ahora es aquí, en nochevieja será allí. Como siempre. Bueno, como siempre desde que falta tu bisabuela, que antes os juntabais todos, y cuando dices todos, salvas introducir a los de la familia de León, y quedábamos los del pueblo… o los de los alrededores, pero no de la ciudad, no los de la finca, sino los de la huerta.

Aquellos eran años en los que jugabas con tu primo, tu hermano era pequeño, tu otro primo más pequeño, y nos pasábamos la noche del 24 deseando que llegase el día siguiente para ir a casa de Tía Chelo a por los regalos. Luego se fue dejando aquello, y el único sitio donde me venía Papá Noel desapareció.

Ahora esto es más diferente. Yo no lo siento igual. Faltando mi bisabuela, la familia se esparció, y cada cual corrió a sus casas, y las abuelas se convirtieron en las anfitrionas. Como cada domingo vamos a su casa, pues aquello era más de lo mismo, y por eso no se siente igual.

Atrás quedaron los juegos de cartas, las canciones, las pesetas y los duros cuando perdíamos. Lejos ya y casi olvidado ese olor a lombarda con las alubias de cena, el cordero y ensaladas, la tarta casera, las montañas de nueces, los turrones, con el especial para los diabéticos… los panecillos de entrantes mientras todos nos agolpábamos en la pequeña cocina de la Plaza Mayor, número 1... Aquellos años eran noches buenas y días de Navidad sin tele, sólo de charlas, debates, discusiones y risas entre todos, entre la familia…

Las tapas de todos en la Casa de Cultura se transformaron en un vino con tu hermano y padres. La comida fue un paso más que se acabó al final ante el empacho con el remate de la tarta y la otra sin poder probarla.

Una tarde en casa, tranquilo, relajado, sólo; terminando un informe a presentar antes de fin de año, y un viaje a las puertas, que me llevará a Grecia de nuevo, (desde hace más de un año que no piso aquello), pero un viaje necesario para desconectar de todo, acabar el año de una manera diferente a como viene siendo habitual, y recargando las pilas para un 2009 que llegará cargado y con alguna decisión importante que tomar (sabiendo que otras ya van llegando solas).

Feliz Navidad si es que fue feliz, y próspero año nuevo, de verdad. Por aquí dicen “Kalá Ejristujena”. Será que tiene que ser así…

jueves, 11 de diciembre de 2008

Exclamación


Llama la atención una exclamación en el medio de la nada. Una plaza con sillas y bares, una cabina, unas flores… lo de siempre. Llama la atención, pero apenas se fija la gente...

Llama la atención un niño, que corre asustando a unas palomas. Atrevidas, vuelven a por las migas del bocadillo que el niño no quiere y que la madre de su enemigo tira. Son tontas, pero muchas.

Llama la atención una señora, que cruza y se pone a increpar al niño. La madre se pone roja. Me llama eso la atención. Qué susto las palomas al vuelo, señora.

Me llama la atención, claro que si, que estemos tú y yo en una plaza de Zagreb, la mejor plaza para tomar un café y leer la prensa. Nos llama la atención que una amiga croata de una amiga española nos esté haciendo de guía. Nos llama la atención que no la conozcamos de mucho más que un par de mails y esté allí con nosotros, como de toda la vida.

Nos llama la atención que vengan sus amigas. Con sus ropas. Con su estilo. Nos llama la atención que en el mismo grupo de amigas haya moods y haya pijas. Nos llama la atención.

Me llama la atención el camarero, que bajemos los pies de una silla. Ay perdón, me estoy pateando Zagreb y sólo quería relajarme...

Me llama la atención que la llamada de atención del camarero fuese una llamada de atención en croata, que una croata me traduce a inglés, y tú te lo traduces a tí misma en griego, y yo me lo paso al español. Me llama la atención todo el proceso…

Me llama la atención ahora mi madre, de que es tarde para cenar, y yo aquí sigo con estas líneas… En la plaza la llamé por teléfono a ella, pero no la atención, como ella a mi…

Me llaman la atención todas las cosas que me llamaron la atención en aquel momento, aquel día, y que aún siguen en mi cabeza. Me llama la atención ahora que no recuerde el nombre de la plaza, pero sí de todo lo que allí viví. La madre, el niño, la anciana, la exclamación…

miércoles, 26 de noviembre de 2008

Para ti, cabrón

Para ti, cabrón:

Porque lo eres, porque la has humillado, porque la has menospreciado, porque la has golpeado, abofeteado, escupido, insultado... porque la has maltratado.
¿Por qué la maltratas? Dices que es su culpa, ¿verdad? Que es ella la que te saca de tus casillas, siempre contradiciendo y exigiendo dinero para cosas innecesarias o que detestas: detergente, bayetas, verduras... Es entonces, en medio de una discusión cuando tú, con tu 'método de disciplina' intentas educarla, para que aprenda. Encima lloriquea, si además vive de tu sueldo y tiene tanta suerte contigo, un hombre de ideas claras, respetable. ¿De qué se queja?
Te lo diré:
Se queja porque no vive, porque vive, pero muerta. Haces que se sienta fea, bruta, inferior, torpe... La acobardas, la empujas, le das patadas…, patadas que yo también sufría.
Hasta aquel último día.
Eran las once de la mañana y mamá estaba sentada en el sofá, la mirada dispersa, la cara pálida, con ojeras. No había dormido en toda la noche, como otras muchas, por miedo a que llegaras, por pánico a que aparecieses y te apeteciera follarla (hacer el amor dirías) o darle una paliza con la que solías esconder la impotencia de tu borrachera. Ella seguía guapa a pesar de todo y yo me había quedado tranquilo y confortable con mis piernecitas dobladas. Ya había hecho la casa, fregado el suelo y planchado tu ropa. De repente, suena la cerradura, su mirada se dirige hacia la puerta y apareces tú: la camisa por fuera, sin corbata y ebrio. Como tantas veces. Mamá temblaba. Yo también. Ocurría casi cada día, pero no nos acostumbrábamos. En ocasiones ella se había preguntado: ¿y si hoy se le va la mano y me mata? La pobre creía que tenía que aguantar, en el fondo pensaba en parte era culpa suya, que tú eras bueno, le dabas un hogar y una vida y en cambio ella no conseguía hacer siempre bien lo que tú querías. Yo intentaba que ella viera como eres en realidad. Se lo explicaba porque quería huir de allí, irnos los dos…Mas, desafortunadamente, no conseguí hacerme entender.
Te acercaste y sudabas, todavía tenías ganas de fiesta. Mamá dijo que no era el momento ni la situación, suplicó que te acostases, estarías cansado. Pero tu realidad era otra. Crees que siempre puedes hacer lo que quieres. La forzaste, le agarraste las muñecas, la empujaste y la empotraste contra la pared.
Como siempre, al final ella terminaba cediendo. Yo, a mi manera gritaba, decía: mamá no, no lo permitas. De repente me oyó. ¡Esta vez sí que no!–dijo para adentro-, sujetó tus manos, te propinó un buen codazo y logró escapar. Recuerdo cómo cambió tu cara en ese momento. Sorprendido, confuso, claro, porque ella jamás se había negado a nada. Me puse contento antes de tiempo. Porque tú no lo ibas a consentir. Era necesario el castigo para educarla. Cuando una mujer hace algo mal hay que enseñarla. Y lo que funciona mejor es la fuerza: puñetazo por la boca y patada por la barriga una y otra vez… Y sucedió. Mamá empezó a sangrar. Con cada golpe, yo tropezaba contra sus paredes. Agarraba su útero con mis manitas tan pequeñas todavía porque quería vivir. Salía la sangre y yo me debilitaba. Me dolía todo y me dolía también el cuerpo de mamá. Creo que sufrí alguna rotura mientras ella caía desmayada en un charco de sangre. Por ti nunca llegué a nacer. Nunca pude pronunciar la palabra mamá. Maltrataste a mi madre y me asesinaste a mí. Y ahora me dirijo a ti. Esta carta es para ti, cabrón: por ella, por la que debió ser mi madre y nunca tuvo un hijo. También por mí que solo fui un feto a quien negaste el derecho a la vida. Pero en el fondo, ¿sabes?, algo me alegra. Mamá se fue. Muy triste, pero serenamente, sin violencia, te denunció y dejó que la justicia decidiera tu destino. Y otra cosa: nunca tuve que llevar tu nombre ni llamarte papá. Ni saber que otros hijos felices de padres humanos señalaban al mío porque en el barrio todos sabían que tú eres un maltratador. Y como todos ellos, un hombre débil. Una alimaña. Un cabrón.


Gracias a Fernando Orden Rueda,
Estudiante de 2º Bachillerato Ciencias de la salud, I.E.S Bioclimático, Badajoz.
Carta ganadora de un premio a la 'más expresiva' en el concurso nacional 'Carta a un maltratador'.

miércoles, 1 de octubre de 2008

Escribiendo en la prensa



Ayer mandé unas cartas a diferentes periódicos de la ciudad. Hoy aparece en uno digital http://www.leonoticias.com/frontend/leonoticias/Intercambio-De-Estudiantes-Europeos-En-Leon-vn19264-vst233 y en la edición digital del decano de prensa leonesa http://www.diariodeleon.es/cartasaldirector/index_ampliar.jsp?carta=carta11388.txt

Os dejo la noticia:

Nuevamente, la Asociación juvenil AEGEE, en su sede de León, organiza un Intercambio de jóvenes de toda Europa en León. Será desde el 4 al 11 de Octubre bajo la temática de “Energias renovables”. Jóvenes de Glasgow (Escocia), San Petersburgo (Rusia) y Belgrado (Serbia) compartirán con jóvenes leoneses que lo deseen vivencias, experiencias, tradiciones y cultura, pudiendo unirse al grupo cualquier persona que esté interesada, sin tener que ser socio de AEGEE. Eso si, la gente que participe, tendrá más opciones de viajar en Primavera a las ciudades invitadas a León.

Un viaje que se enmarcará dentro de los acuerdos de desarrollo del Youth Programme Europeo y la Agencia Nacional, con importantes subvenciones para el viaje y manutención en esas otras ciudades. Bajo el título “Renew your energy”, y hablando mayoritariamente en inglés (cada cual a su propio nivel), los participantes atenderán a charlas y actividades relacionadas con el medio ambiente, ligadas alguna de ellas a empresas del sector, una visita al edificio del Eren y con apoyo de la Cátedra de la Universidad de León sobre Energías Renovables, entre otras.

Tampoco será difícil encontrarlos por la ciudad haciendo algún “city tour” o tomando algunas copas en el Buddha, o Molly (fiel colaborador de esta propia Asociación desde hace más de 10 años y sus “Martes de Erasmus”) y es que ésta asociación, AEGEE-León, es la sede española con mayor número de actividades durante el curso, ampliando la oferta, además de a socios y jóvenes españoles, a los propios estudiantes Erasmus. AEGEE-León es una de las más de 240 sedes de AEGEE en toda Europa, de hecho, es su mayor asociación de jóvenes, con gran apoyo de la Unión Europea, y con gran cantidad de eventos y actividades en todo el viejo continente en el que cualquiera puede participar. Sólo se necesita acercarse a conocernos.

Más información en www.aegeeleon.org y en el mail: aegeeleon@unileon.es

¡¡De verdad, estaremos encantados de que te acerques a conocernos!! Durante el Intercambio podrás vernos en el Albergue Municipal de Peregrinos, en la Calle Campos Góticos (C.H.E.F.).

martes, 30 de septiembre de 2008

A Coruña

Quería escribirte una carta graciosa, curiosa a mi entender. Ya había decidido qué decir y qué dejaros escrito, a ti, a la prima Verónica, al tío Juan, a José María, y a la familia de Barcelona y Valencia… ¡ay este Vicente, mira que ir tan lejos con las oportunidades que hay aquí en el pueblo! Y quería escribiros, hombre, ¡pero no encontraba papel!

Ahí en la cocina de leña tenía unos periódicos y unas revistas. Me enteré así que había muerto Paquirri, qué pena… pobre Isabel… ya viuda y tan joven… ¡mira que nada más se volvió a oír de ella, eh!… pobre… y vaya año… ya sabes que después fue lo del huracán Hortensia… ¡vaya miedo pasé!

Y bueno, te cuento, que seguí buscando y así encontré un cuaderno de los del rapaz, que debió dejar olvidado hace siete veranos cuando estuvisteis la última vez en casa… mira a ver no le haga falta, que pone catequesis para la primera comunión.

También había un bolígrafo, pero no pintaba… Lo puse bajo el grifo pa limpiarlo, porque vaya cómo estaba, y nada… ¿qué se yo…?

Cogí un lapicero que tenía en la cómoda del teléfono y lo afilé con la navaja, pero me corté y lo tiré de rabia a la lumbre… Ya sabes que tengo muy mal carácter cuando me corto…

Ya no sabía cómo escribirte… Había del niño unas pinturas, ¡pero recordé el corte y también fueron a la lumbre! Dile que lo siento, que ya te daré dinero para que le compres otras, el pobre, no sea que quiera pintar y no pueda… Ya sabes que tengo todo el dinero dentro de la funda del colchón y en el marco de las puertas de la salita y de la cocina… Yo lo digo, que nunca se sabe si viene la guerra hoy o mañana, y hay que estar preparados, que a éstos franceses cualquier día los da por cortar la frontera, tirarnos las legumbres y las frutas y quemar los coches. Con lo majos que son los portugueses, Virginia. ¿Cómo se llamaba aquel que venía vendiendo toallas? Juao, Jiao, Joao, eso, Joao. ¡Qué cosa tan pequeña y qué majo eh! Ya lo decía tu prima Rebeca la del italiano. Otra, ¡que no hay mozos prestos y hermosos en el valle que se tuvo que enamorar del primo de AlBano! Ay la vida, dónde vamos a parar con lo bien que se está en el valle, ¡y lo difícil que es ir fuera de España!

Subí arriba, al dormitorio, como te decía, y busqué en la libreta el teléfono pa llamarte, pero, o no lo apunté bien, o la señorita operadora me engañó y dijo que no existía el número… ¡qué mentira Virginia, no me quería poner contigo!

No sabía qué hacer Virginia, no sabía. Llamé otra vez y otra vez, así como te cuento, y la puse a bajar de un burro, y va y me cuelga! ¡No me respondía más que lo mismo, Virginia! Esperé a que llegase la tarde para ver si había otra chica trabajando en la centralita, ¡pero ahí que cuando llamé era la misma, hija! Ay la madre que la pasó el puerto, que no debe de descansar y tiene la jornada entera y no como me dijiste una vez de ocho horas…

Me puse las madreñas, si, si, una bufanda al cuello y los calcetines que me dio el pastor, aquellos tan bonitos que te enseñé, así que fui a casa del vecino, a ver si me dejaba una llamada, y ya sabes tú cómo es el Tío Carlos, que me dejó llamar, si, ¡pero la señora del teléfono también estaba en su teléfono! ¡Ay qué disgusto Virginia, qué disgusto! ¡Porque yo quería escribirte, eh!

Pasaron dos días y casi no había dormido pensando en cómo localizarte. Pero atiende, que te cuento, que vino el pescadero, ya sabes que le cambio fruta y pescado por chorizos de la matanza, que a ver si te doy, que ya están bien ahumaos y yo no los como… Viene un día a la semana y tiene un teléfono de esos sin cable y sin ruleta pa llamar. Qué adelantos, no sé donde vamos a parar... dice el tío Carlos que el coche que trae, que tiene detrás una gran despensa, se enchufa con gasóleo, en vez de gasolina, qué risa, Virginia, gasóleo dice el tío… Ay qué vocabulario tiene el tío Carlos, no sabe decir gasolina… y a la vez te diré que se está quedando sin pelo y le dijo el pescadero que había unas gotas para echarse… pero el otro desconfía y dice que le irritan el caletre, y por si acaso y pa espantar las meigas se pone la boina y punto. Yo le digo que así espanta a las mozas, pero cuenta que irá un día a la tele, a la uno, a ese programa de juventud de la Bola de Cristal, y que se va a ligar a la Alaska, ¡que vaya delgada que está! ¡Qué moza! Aunque la que veo más de casa, más señora es la Conchita Velasco. ¡Ahora que ya hay color en la tele da gusto verla! A ver si llegan más canales, que me da asco poner la tele, y hace que no la pongo… uhhh, o más… que sólo veo la Uno. Ya sabes que la Dos la tengo estropeada por la antena. Aunque bueno, el tío Carlos tiene mando a discreción, y cambia la televisión desde el sofá. Normal que está echando barriga… A mi no me gustan esas historias de hoy en día, ya sabes, pero date que me marcó, te decía de lo de llamarte, el número que le dije pa que llamase de desde ese teléfono sin cable y me dijo que había que poner un prefijo. ¡Anda! ¡Cómo si estuvieras fuera de España Virginia, tres cifras antes de tu número! No daba crédito hija, no daba crédito.

Subí hasta el pueblo de la estación, esa misma mañana, Virginia, subí a coger el tren hasta La Coruña. Y mira que está olvidada ésta estación, y ya somos pobres, que debió caerse la ele de “La” y aún no la han puesto, ya sabes, los de Renfe, que son así. A Coruña, qué cosas. Pero ay mi sorpresa Virginia, ¡que han cambiado las monedas! Ya no tienen las rubias con la cara de Franco! ¡No me cogían el dinero, ni los billetes de 100 pesetas! ¡ ni los de 100 pesetas Virginia! Y no sólo ahí, que me dijeron que en toda España se usaban loros o ebros, o algo así. Los céntimos si, se llaman igual, pero me los enseñó el jefe de la estación y no eran como los míos. ¿Qué mundo es éste? ¿En qué país vivimos? Me dijo que no valían. ¡Ay qué desgracia Virginia, que tengo el colchón y los marcos de las puertas llenos de dinero! ¿Cómo no me dijiste nada antes? ¡Ay qué desgracia, hija! ¿Qué voy a hacer ahora?

Lo mejor será ir a verte hasta Coruña a los comienzos de Noviembre, que luego hay que hacer la matanza y así encaramos el Invierno y las nieves que caigan bien… ¡Ay qué desgracia! ¡que apenas he dormido desde entonces! Quiero que me cuentes qué más cosas han cambiado, y cómo va España, porque visto que todo cambia, tampoco estará Fraga, ¿no?

Ay qué susto tengo en el cuerpo mi Virginia. ¡Menos mal que tengo Internet y puedo escribirte este mensaje, si no, no sé cómo te habría localizado!

Un beso.

¡Qué semana Virginia, qué semana!

A Coruña (version en gallego)


Quería escribirche unha carta graciosa, curiosa á miña entender. Xa decidira que dicir e que deixarvos escrito, a ti, á curmá Verónica, ao tío Juan, a José María, e á familia de Barcelona e Valencia? ¡ai este Vicente, mira que ir tan lonxe coas oportunidades que hai aquí no pobo!


E quería escribirvos, home, ¡pero non atopaba papel! Aí na cociña de leña tiña uns xornais e unhas revistas. Decateime así que morrera Paquirri, que pena? pobre Isabel? xa viuda e tan novo? ¡mira que nada máis se volveu a oír dela, eh!? pobre? e vaia ano? xa sabes que despois foi o do furacán Hortensia? ¡vaia medo pasei! E bo, cóntoche, que seguín buscando e así atopei un caderno dos do rapaz, que debeu deixar esquecido fai sete veráns cando estivestes a última vez en casa? mira a ver non lle faga falta, que pon catequesis para a primeira comuñón.


Tamén había un bolígrafo, pero non pintaba? Púxeno baixo o grifo pa limpalo, porque vaia como estaba, e nada? ¿que se eu?? Collín un lapicero que tiña na cómoda do teléfono e afieino coa navaja, pero me cortei e tireino de rabia ao lume? Xa sabes que teño moi mal carácter cando me corto? Xa non sabía como escribirche? Había do neno unhas pinturas, ¡pero recordei o corte e tamén foron ao lume! Dille que o sento, que xa che darei diñeiro para que lle compres outras, o pobre, non sexa que queira pintar e non poida? Xa sabes que teño todo o diñeiro dentro de fúndaa do colchón e no marco das portas da salita e da cociña? Eu dígoo, que nunca se sabe se vén a guerra hoxe ou mañá, e hai que estar preparados, que a estes franceses calquera día dáos por cortar a fronteira, tirarnos as legumbres e as froitas e queimar os coches. Co majos que son os portugueses, Virginia. ¿Como se chamaba aquel que viña vendendo toallas? Juao, Jiao, Joao, iso, Joao. ¡Que cousa tan pequena e que majo eh! Xa o dicía a túa curmá Rebeca a do italiano. Outra, ¡que non hai mozos prestos e fermosos no val que se tivo que namorar do curmán de AlBano!


Ai a vida, onde imos parar co ben que se está no val, ¡e o difícil que é ir fóra de España! Subín arriba, ao dormitorio, como che dicía, e busquei na libreta o teléfono pa chamarche, pero, ou non o apuntei ben, ou a señorita operadora enganoume e dixo que non existía o número? ¡que mentira Virginia, non me quería poñer contigo! Non sabía que facer Virginia, non sabía. Chamei outra vez e outra vez, así como cóntoche, e púxena a baixar dun burro, e vai e cólgame! ¡Non me respondía máis que o mesmo, Virginia! Esperei a que chegase a tarde para ver se había outra moza traballando na centralita, ¡pero aí que cando chamei era a mesma, filla! Ai a nai que a pasou o porto, que non debe de descansar e ten a xornada enteira e non como me dixeches unha vez de oito horas? Púxenme as madreñas, se, se, unha bufanda ao pescozo e os calcetíns que me deu o pastor, aqueles tan bonitos que che ensinei, así que fun a casa do veciño, a ver se me deixaba unha chamada, e xa sabes ti como é o Tío Carlos, que me deixou chamar, se, ¡pero a señora do teléfono tamén estaba no seu teléfono!


¡Ai que desgusto Virginia, que desgusto! ¡Porque eu quería escribirche, eh! Pasaron dous días e case non durmira pensando en como localizarche. Pero atende, que che conto, que veu o pescadero, xa sabes que lle cambio froita e peixe por chorizos da matanza, que a ver se che dou, que xa están ben ahumaos e eu non os como? Vén un día á semana e ten un teléfono deses sen cable e sen ruleta pa chamar. Que adiantos, non sé onde imos parar... di o tío Carlos que o coche que trae, que ten detrás unha gran despensa, se enchufa con gasóleo, no canto de gasolina, que risa, Virginia, gasóleo di o tío? Ai que vocabulario ten o tío Carlos, non sabe dicir gasolina? e á vez direiche que se está quedando sen pelo e díxolle o pescadero que había unhas pingas para botarse? pero o outro desconfía e di que lle irritan o caletre, e polo si ou polo non e pa espantar as meigas ponse a boina e punto. Eu dígolle que así espanta ás mozas, pero conta que irá un día á tele, á un, a ese programa de mocidade da Bóla de Cristal, e que se vai a ligar á Alaska, ¡que vaia delgada que está! ¡Que moza! Aínda que a que vexo máis de casa, máis señora é a Conchita Velasco. ¡Agora que xa hai cor na tele dá gusto vela!


A ver se chegan máis canles, que me dá noxo poñer a tele, e fai que non a poño? uhhh, ou máis? que só vexo a Un. Xa sabes que a Dúas téñoa estropeada pola antena. Aínda que bo, o tío Carlos ten mando a discreción, e cambia a televisión desde o sofá. Normal que está botando barriga? Ao meu non me gustan esas historias de hoxe en día, xa sabes, pero dáche que me marcou, dicíache do de chamarche, o número que lle dixen pa que chamase de desde ese teléfono sen cable e díxome que había que poñer un prefijo. ¡Anda! ¡Como se estiveses fóra de España Virginia, tres cifras antes do teu número! Non daba crédito filla, non daba crédito. Subín ata o pobo da estación, esa mesma mañá, Virginia, subín a coller o tren ata A Coruña. E mira que está esquecida esta estación, e xa somos pobres, que debeu caerse a ele de ?La? e aínda non a puxeron, xa sabes, os de Renfe, que son así. A Coruña, que cousas. Pero ai a miña sorpresa Virginia, ¡que cambiaron as moedas! Xa non teñen as louras coa cara de Franco! ¡Non me collían o diñeiro, nin os billetes de 100 pesetas! ¡ nin os de 100 pesetas Virginia! E non só aí, que me dixeron que en toda España usábanse loros ou ebros, ou algo así. Os céntimos se, chámanse igual, pero mos ensinou o xefe da estación e non eran como os meus.


¿Que mundo é este? ¿En que país vivimos? Díxome que non valían. ¡Ai que desgraza Virginia, que teño o colchón e os marcos das portas cheos de diñeiro! ¿Como non me dixeches nada antes? ¡Ai que desgraza, filla! ¿Que vou facer agora?


O mellor será ir verche ata Coruña aos comezos de Novembro, que logo hai que facer a matanza e así encaramos o Inverno e as neves que caian ben? ¡Ai que desgraza! ¡que apenas durmín desde entón! Quero que me contes que máis cousas cambiaron, e como vai España, porque visto que todo cambia, tampouco estará Fraga, ¿non? Ai que susto teño no corpo o meu Virginia. ¡Menos mal que teño Internet e podo escribirche esta mensaxe, se non, non sé como che localizou! Un bico.
¡Que semana Virginia, que semana!

viernes, 12 de septiembre de 2008

Cuéntame

Como de una conversación entre Antonio Alcántara y su hermano se tratase. De esos minutos y días que se pasan hablando de vender las tierras, de la casa de Pura, de Maurín, del matamulas… Tanto tiempo como las misas en la parroquia, como aquel tiempo en que Antonio le daba al juego... como esa incertidumbre entre la gran María Galiana y ese noviete suyo… Mucho tiempo como eso, o no tanto llevaba sin escribir. La vida te da motivos para estar atareado, y dejar la cabeza ocupada sin tiempo casi para el qué publicar. Vacaciones si, pero más ocupado que en el curso. Toni en cambio se alegraba hoy del despido, y hubo una propuesta que no fue del todo clara, que por su parte, vive sin entender cómo unas bragas pudieron llevar al traste su matrimonio. Algo así pasa por aquí.

Publicaste un artículo en una cuenta que leen tus españoles de AEGEE, y ya te felicitaron. Tu germen de este post estaba surgiendo. Los dedos tienen ganas de teclear, como Toni de escribir un libro. Ansías llenar espacio en la red, y copar más que ese otro, como Paquita revelando al Miguelón contra su hermano. Y en casa la disputa fue por apagar un Messenger…

Se habla en la serie de un país extranjero, de una hija exiliada, y lejos me iré yo, a Polonia en menos de un mes. Allí en Varsovia, Wroclaw y Cracovia despertaré la chispa de esos viajes que ya tenía casi olvidados. El estar más aquí, y tener más cosas que hacer… un trabajo, un horario… me llevan a traer eventos a León, y que esa gente a la que antes visitaste, vengan aquí ahora. Al Sagrillas de Europa, a una ciudad, León, que si bien apenas figura en el mapa, es una de las que más extranjeros trae en España (o eso decía el periódico esta semana). ¿Por qué? Pregúntales a los de Relaciones Internacionales… quizás te nombren AEGEE y su gente... y las más de veinte actividades que les proponemos… AEGEE, si, esa misma que mañana elige nueva Junta Directiva, y esa misma que te sigue apoyando y te votará para salir reelegido Presidente. Quizás el tonto que no sabía inglés se lleve además el cargo de Responsable de Asuntos Externos… External affairs dice my Darling… Cualquier ordenanza puede llegar alto.

Vuelve la temporada tras el verano, vuelve la vida a Ordoño IX, que aún no ve, no, pero que irá descubriendo un mundo que no tiene, y un mundo que ya es historia. De momento, cuéntame.

martes, 12 de agosto de 2008

Errantes

Errantes. Caminando en una fila. Cruzando un puente que otros dias no tiene más gloria que el cruce de coches y más coches, y es en estos es dias cruzado por más personas que carros durante el año. Tiendas allí y aquí. Acampada libre. Ahí cerca de la pared del Rompeolas, donde apesta una semana más tarde aún a pis, ahí monté mi tienda. Vas de cerdo, con amigos. Vas a buscar un hueco donde hinchar tu colchoneta y anclar tu Quechua. Buscas un sitio donde dejar sólo media espalda. Fuiste unos meses atrás con la griega por allí. Ya sabes, a éste le gusta escaparse por el norte, a esas tierras de viejos cilúrnigos y seguidores de Deva. Esas cercanías de Onís y ese Noega de antaño. Jamás pensabas que acamparías allí. Si, bueno, el prado habitual lo dejaron cerrado, y hubo que acampar en el primer hueco libre de hierba que quería ser paja.

Después de eso hubo una merienda campestre, sobre toallas de playa que entraron en la lavadora con manchas de calimocho, aceite de sardinas y arenas de la playa. Amén. Ya dije: íbamos de cerdos. Una remesa ya con la chaqueta, pues apuraba el rocío y el fresco de la noche de Agosto, y dale que te pego a los juegos de los amigos al tanto de un vaso de cachi. Al rato, los incondicionales de la noche. Gente de AEGEE Oviedo y AEGEE Santander, que por espacio, acampaban a veinte minutos de allí, y la pequeña colonia leonesa les pillaba de paso a la marabunta. Jaja, jeje, y todos juntos por ese bendito puente que a la mañana siguiente vio llegar a los remeros y sus canoas, y que mis ojos, otro año más, vieron en resúmenes por la tele. La noche fue larga. Venía otro día. Nada como la playa, siesta a la solana y baño. Un loco ya estaba montando un ordenador en plena playa, con altavoces y haciendo las delicias de aquellos fiesteros engominados de la playa, de collares en cuellos de toro y cigarrillo a lo pijo. Se retornó para comer alguna cosa y vuelta a la playa. Siempre en fila. Siempre entre la gente. Colgaos, coloraos, buscadores de papel, incondicionales con la cerveza en la mano, resacosos, gordinflones y mazaos de gimnasio… Allí hubo de todo. Hasta aquel que cabó con una pala un hoyo en la playa y al acercarse el guardia y preguntarlo qué hacía lo respondió “busco mis llaves”. Fuera del agujero, vale ya la bobada y a tapar los dos metros de profundo. ¿Premeditado? ¿De dónde salió esa pala? ¿Toda la noche cavando? Por la tarde no hubo siesta, hubo un balón. Aún nos reíamos del escavador.

A la caída del sol. Regreso a lo mismo del día anterior. Se sentía el cansancio. Se vio en la gente. Pero en todas las calles había gente sin sentido.

El domingo amaneció caluroso, arreando para sacarnos de las tiendas y empacarlas en los coches. En una hilera de cacharras (menos el del hijo que le dejó papá el coche) durante un buen rato nos encaminamos a Gijón, y allí, en San Lorenzo, di por finalizado el fin de semana. No había lugar a bromas. No había energía para reír. En coche a León y por Autopista. No había ni garantías de llegar arriba por Pajares. Íbamos sin ser. Íbamos como idos. Íbamos errantes.

martes, 5 de agosto de 2008

Castorín

Cuando el “castor” sobrepasa fronteras es algo grande. Aquella cara estúpida de Chema y Soni de Oviedo, y que popularizamos y lanzamos al mundo internacional los tres en una fiesta de Nápoles en el Otoño de 2006 por no gastar cuatro euros en una lata de cerveza Alhambra, en aquel pub donde nos metieron a unas mil personas, se ha convertido en un símbolo de AEGEE por España. No hay evento en nuestro Netcom que no se enseñe, no se repita. La leyenda del “castor” sigue adelante. Tiene facebook, tiene un baile, tiene un juego…

Pasé las últimas semanas con un grupo de extranjeros venidos a León y Santander, al Norte de España, a esta idea de hace más de 20 años de la Summer University y que tanto nos gusta a los que empezamos a ser míticos en esto. Hubo risas, caminatas, city tours, juegos y fiestas. Hubo tiempo para el descanso. Poco, pero hubo algo.

Y ahí fue, en Valporquero, a la entrada de la cueva y esperando nuestro turno, cuando estando la gente medio dormida, sentada en unas escaleras y cansada, el castor tomó forma oficial hacia Europa.

Como pasos de aprender, cual Chiki Chiki, el uno, y sacando los paletos. El dos, hinchando mofletes. Tres, echando el aire, y cuatro echando la cabeza para detrás… El Workshop tomaba forma. Pusimos las manos encogidas en el pecho, y repetimos los pasos. Ya teníamos el legado de Oviedo.

Para el baile que dio León hubo que ponerse de pie. En posición de correr, pero si el cuerpo se mantenía sobre el pie derecho, el brazo derecho y doblado había de estar adelante. Si, contrario al habitual. ¿Amorfo? ¿Hay algo con razón y serio en todo esto? Vete aumentando la velocidad… es total…

El añadido cántabro llegó al ponerse en posición tradicional, de baile nacional, de Paquito Chocolatero. En fila y cogiendo la mano del anterior entre sus piernas y cediendo la otra tuya por debajo de tus piernas. Intentando bailar con el soporte leonés, y poniendo la cara que legó Oviedo… ¡Tenemos el “castor pack”!

¡Qué grande es el castor, él si que ya es un mito!