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viernes, 14 de marzo de 2014

Como dice Herminia "Ay Señor, Señor..."



Publicado el 14/03/14 en DiarioDigitalDeLeon.com 

La pareja de toda la vida ha roto. Mercedes y Antonio, Antonio y Mercedes, esa pareja modelo de la tele está pasando las mayores horas bajas de todos estos años. Ni cuando Antonio era un adicto al juego, o cuando ella iba a la universidad con profes jóvenes y guapos. O cuando Don Pablo se llevaba a Antoñito a los puticlubs… nada. Ahora hay una chicha de la buena. Y media España en vilo…


Doña Herminia, que rejuvenece con el paso de los años ya no es esa abuela de negro de cuando empezó la serie, sino que tuvo hasta un querido, y ahora nos la ponen siempre con rejillas y tubos en la cabeza. Sirve de nexo entre padres e hijos. Es el toque casi cómico diría, y sin duda, hoy en día, sigue siendo la mejor. Viejecilla, sí, Maria Galiana no vende aquí drogas, como en Tapas, pero sí, está mayor. 

Si no, dejaría de ser la abuela de la pesada que hace como actriz de cine, que ni se acuerda que tiene un hijo con uno que era cura y catalán. No me gusta nada. Me aburre esa parte. Cambio y pongo Big Bang Theory; abuela de un rubio periodista que antes fue revolucionario, abogado y que aún hoy sigue hablando de esa manera tan particular y en voz baja y susurrante. También tiene un hijo de extranjis, se veía venir, está enamorado desde siempre de la Altamira...; abuela de una María que ya tiene 11 años, ¡cómo pasa el tiempo! y que ayer, en plena tensión, aire cortante y cuernos a la vista nos deleitaba con la gracia de “tiran más dos tetas que dos carretas”; y abuela del protagonista, ese chaval con grandes paletos y diastema. Este que nos habla con voz en off y que era el niño guapín, amigo de Josete, otro aún más pequeño. Ahora han crecido y no saben bien hacia dónde llevar a Carlitos. Con un bar, ligón, que tiene un grupo de música que tiene que dar algo de actividad a Lluvia Rojo (Pili) y que cada poco está con una (cuando todos sabemos que va a acabar casándose con Karina). Además lo pintan con una imagen de joven culto, que triunfa para sus amigos de Sagrillas. Aquí tengo que hacer una observación: Los ponen demasiado feos y paletos, lo del tío de las pompas fúnebres y lo de la Ramona… sin palabras…

Y Antonio y Merce, esa pareja de siempre, volverán. Creo que sí, porque está la gente alterada y TVE cederá, que hay mucho mayor que ve la serie, y no puede ser que éstos dos se separen. Otros dirán que no, los más progres, que ahora Milano tendrá más libertad para sus cosas, sus negocios y así podrá conocer hombretones; e Inmanol Arias, cada vez más canoso, siempre fumando, siempre con un vaso de vino, se irá con Ariadna Gil escuchando el Déjame de Los Secretos y así, separados, se seguirán contando los avances de esta España tuya, esta España nuestra…

viernes, 15 de febrero de 2013

Hablar de amor no tiene por qué ser ñoño


¿Qué tienen en común Romeo Montesco y el barbudo de los moteros de Easy Rider? ¿Y Julieta Capuleto en su casona de Verona con Sigourney Weaver en Aliens II? ¿Y Shakespeare y su fraile con Chejov y el tío Vanian? ¿El amor de Romeo y Julieta con el de Andy García y la hija de Michael Corleone? Al fin y al cabo, lo que aparece en el primer acto tendrá un por qué al final de la obra. Y se dice, se cuenta, y lo estarás esperando a lo largo de la obra. Y atento si hay un cura, fraile, monja o religión por medio. Provoca misterio…

Todo tiene lugar y todo puede pasar en los encuentros del Club de Lectura Tempus. Y en concreto, el de ayer, día de los enamorados, dio para mucho. Porque además de charlar sobre la vida de William Shakespeare, hablamos de cine, teatro y otros libros. Muchos libros y muchas cosas. El amor puede no ser tan ñoño.

Tirando del hilo de aquella Verona medieval, hicimos un repaso por la Divina Comedia de Dante, donde ya aparecen las dos familias en el Purgatorio. Comparamos a los amantes con los nuestros de Teruel, o a Calisto y Melibea con su vieja y puta Celestina. Un amor lejano pero cercano, que nos trajo a la mente La Odisea y el Conde de Montecristo, o a esa forma de Amar en los tiempos del cólera. Un amor que nunca se supo si era cierto, como el que conllevó al asesinato de Santiago Nasar en esa Crónica de una muerte anunciada, aquel día que había de llegar el Obispo, tema de curas, como la renuncia del Papa. También hablamos de eso.

Charlamos de otros amores, como ese intergeneracional entre La tía Julia y el escribidor Mario Vargas Llosa. Amores extraños, ocultos y cuyas formas sin duda han perdurado en el tiempo, como aquellos narrados en la Córdoba califal por Ibn Hassan en El collar de la paloma, o en aquel planeta de seres gigantes, Avatar.

Aquello que nos llevó sobre el Hollywood de los años 70, aquellos Moteros tranquilos y toros salvajes. De los vicios de Scorsese, los orígenes de Spielberg con ese tiburón feo y maquetado. De George Lucas, aquellos inicios de una Guerra de las Galaxias que pronto tendrá una nueva trilogía, cosa de Disney, como aquella trilogía de la que ya hablamos bastante el último día con la escusa de Gomorra: El Padrino, con el amor difícil e imposible entre Vincent, y su prima Mary, que muere asesinada por el Mosca, con disfraz de cura. Te lo advertimos.

viernes, 29 de abril de 2011

Hasta que la prensa os separe

Qué cercano y a la vez tan lejano queda de algunos de nosotros la majestuosa y tan seguida boda de mis coetáneos “el hijo del orejas” y “la Kate”, como escuchaba esta mañana tomando café en Villaquilambre. Duques ahora de Cambridge, y comiendo con un grupo selecto elegido en parte por la Reina Isabel II, no tendrán el típico baile de desmadre don un corro y una línea con todos los parientes ya casi jubilados bailando el Coyote Dax o el popurrí interminable de Manolo Escobar. Asi que lo dicho: no creo que estén a estas alturas bailando el Paquito Chocolatero con un vaso de tubo en la mano.

No creo tampoco que haya pasado el Señor Middleton repartiendo puros, o Pippa, la hermana, dando detalles de escayola. No se habrá puesto la abuela una rosa del centro floral de la mesa sobre la oreja mientras se entona un "Asturias patria querida". No habrán tenido más borrachos que el Príncipe Henry, a falta de Ernesto de Hannover, o esos gritos de "viva la novia", "viva la abuela del novio" o "que se besen que se besen". Bueno, esto quizás sí.

45 minutos de retraso protocolario fueron los que estuvo el novio esperando a la novia. Tiempo suficiente para aburrirse y saltarse las normas para charlar con los amigos una vez llegó al altar. Hombre, el retraso era obligado, no había problema de tráfico para ella y se sabía cuando iba a llegar...

Tampoco llovía. Pobres Felipe y Leticia, el aguacero que los cayó en la suya. Yo aquel día estaba en otra, pero a los pies de la Laboral, en Cabueñes. Sin tanta pompa ni tanta flema inglesa. Tampoco había pamelas o cornamentas como la que llevaba una hija de la Ferguson, y al menos había más ambiente familiar que en la Abadía de Wensmister.

Viendo las imágenes de la boda y en este primer análisis sólo queda desear buena suerte a los recién casados y augurar un futuro más placentero (al menos eso parece según el tiempo de noviazgo y el casarse por amor) que el de buena parte de la familia real inglesa, que entre escándalos, bodas, separaciones y prensa rosa, más circense parecen los Windsor que los Aragón.

miércoles, 25 de agosto de 2010

De aquí y del otro lado

Saltó el amigo León de su sofá cuando escuchó lo de la liberación de los voluntarios secuestrados. Cada semana se había manifestado y pensaba que “bah, para nada”. Sabía que en la ciudad de su nombre también se manifestaban de manera similar, pero sólo cuando había maltrato y violencia de género. Se juntaban unos cuantos, algunas caras de políticos, foto, manifiesto, pancarta y para casa. Otro lazo más en el balcón del edificio de la Diputación, ese junto al de Botines, qué bonito... normal, era catalán, y de un tal Antonio… ay, suspiro...

En Barcelona había más gente, y últimamente se había escuchado que habría liberación. Pero no acababa de llegar. La Plaza del Rey, (ay su otro reino) se quedó en alguna ocasión pequeña y le vinieron muchos recuerdos y lluvias, chaquetas mojadas y gorros de esquimal, siempre vivido en estos nueve meses de angustia, de tristeza y pensamientos por querer saber dónde, por qué y qué pasaría. Faltó solamente esos días que había visitado León, invitado a gastos pagados por su amigo Antonio, tocayo del otro; amigo pudiente, amigo de sus amigos, de zona exquisita, romántica y ambiente cool, que lo pedía de venirse para siempre a orillas del Bernesga.

Más tarde vio la tele. Ahí salían en helicóptero, con sus mujeres; pronto llegarían al Prat, había que ir a recibirlos; y de paso volver a la tierra de su nombre, quizás ya se habrían iniciado las obras del tranvía, qué atropello de recuerdos, ay otro recuerdo más de Antonio… si; volver, volver y quedarse en la tierra patria del gobernante que lo daba libertad de ser, la tierra donde estaba su amor.