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jueves, 31 de julio de 2014

La empresa y no colegio en León de San Ignacio de Loyola


Hoy es San Ignacio de Loyola, el fundador de algo en lo que creí (y creo que sigo creyendo aunque está muy enterrado) y por lo que luché desde el año 1991 en el cole, los 4 años que trabajé en él, a través de Entreculturas durante 7 años y en todas las acciones sociales que realicé voluntariamente en el colegio de León hasta que el propio director del colegio, José Antonio Póo Lera, decidió incomprensiblemente según dijeron mis propios compañeros (los profesores, monitores, entrenadores, cuidadores, cocineras y vigilantes que poco a poco se van jubilando) que alguien de fuera y ajeno a Jesuitas sería mejor opción para continuar o más bien eliminar la tradición, pedagogía y enseñanza que tanto me inculcaron y que tanto creí... Tema de enchufes, presiones y peloteos a los que no soy dado. Es mi sino. La vida me cerró una puerta y me abrió otra. Hoy en día Jesuitas León no es un colegio, y para nada es lo que era. Hablamos de una empresa que trata a los alumnos y familias como mercancía, y así mismo dice su director, su 1er director laico, heredero de este desafortunado pasado, eliminando todo de aquel buen hacer de rectores como Fernando. Desde aquí mi grito al cielo en el día de su patrón, por dar a conocer que su fin comenzó por ellos mismos, por Winnie mismo.

sábado, 23 de marzo de 2013

El bueno y el malo malísimo



El bueno y el malo. No malo, malísimo. Cada día lo colocamos más al bando de los malos. Está viejo, deteriorado, y el otro es tan majo. Eso dice ya la gente. Viene de la parroquia, y el otro ya estaba gozando de los poderes de la alta Iglesia. De Bergoglio solo critican aquello de la Dictadura. De Razinger todo. 

Qué mayor está. Francisco lo esperaba. Es que Francisco va a toda prisa. Camina rápido, sube el culo y va to´ tieso. Sin muletas, sin apoyos, ¡qué agilidad! Acostumbrados estábamos de ver a Papas lentos, que apenas podían moverse. Apenas recuerdo ya a Juan Pablo II junto a ciudadanos de a pie, Razinger… pfff.

Parece que Francisco atrae al pueblo. Viene del pueblo y lo demuestra en cada gesto. ¡Y que lo siga haciendo! Dice que atiende a la pobreza de San Francisco, pero es jesuita, ¿y por qué no dice nada de Francisco Javier? Todos sabemos cómo son los jesuitas, un mundo aparte. Tienen a su “Papa negro”, su otro líder. Ahora éste está de blanco pese a no ser su jefazo; y sigue de blanco Benedicto, a pesar de que sólo el Papa puede vestirlo. ¿Sigue entonces siendo Papa Benedicto? ¿O está en la sombra, en el lado oscuro, como siempre, como Palpatine? Siempre supe que era él…

jueves, 6 de diciembre de 2012

La frase de Torrente...


Está el mundo jesuítico cazurrón en alza. ¡Cómo nos gusta hacer sangrar más la herida, cómo hacemos leña del árbol caído! ¡Somos la leche!

Va de que nos hace gracia eso de Torrente, de "nos hacemos una pajillas", y lo decimos una y otra vez, jaja, qué gracia, pero molesta cuando pasa de verdad. ¡Cómo somos!

Cuentan que el Coordinador de Extraescolares, Comedor, Buses... que ocupaba el despacho de un ya jubilado Don Carlos, llevaba tiempo haciendo éso, repetir lo de Torrente. Hasta ahí, normal. Lo malo es que lo hacía en entrevistas de trabajo en su Clínica Privada (fuera del Colegio). A saber cómo, la cosa está caliente, una chica contactó con el Programa de Mercedes Milá, Diario de... del Canal Cuatro, ese de l Imperio Berlusconi, y la enviaron directa a la caza. Y el tío, picó. Se ven las imágenes del vídeo, aunque la voz y cara distorsionada, pero sí, los que le conocemos, sí, es él.

Apartado del Colegio según mutuo acuerdo apenas se conoció el incidente y de que una anónima avisase al Colegio, o así rezan las palabras del primer Director laico del Sagrado Corazón tras la marcha de Winnie, en el Diario de León de  ayer, nos dejan más asombrados a todos los que coincidimos con él.

No nos explicamos ni cómo, ni por qué. Pero tío, la has cagado y creerás que el cielo se te ha caído encima, como eso que temían los galos. No sé qué decirte, sólo que ánimo, porque realmente lo necesitarás, como también lo necesitarán las chicas a las que hiciste ésto. No seré yo quien te apalee, pero no acabo de entenderlo. Cosas así nos enseñan a reponernos de un error, sí, de que todos la cagamos alguna vez, sí, y que sin duda, tú mismo te has dado cuenta de que has hecho mal. Aún así, ésto es muy duro, tanto por las formas en que se ha descubierto, como el hecho en sí. ¿Qué necesidad había de hacerlo? ¿Por qué te has complicado así la vida?

Jesuitas, un Centro que en los últimos años perdió toda identidad que habían construido con el sudor, trabajo y rigor de mucha gente y muchos años, se ve envuelto en "otra" más. Es el legado del gallego... así lo quiero ver... de ese gordo Winnie que tanto daño hizo en las últimas generaciones que salieron del Colegio... (y no lo digo yo, lo dicen ellos mismos) y aunque en ésto puede que no haya tenido culpa, es una coletilla que todavía me hace recordar su prepotencia. 

viernes, 24 de junio de 2011

Hasta luego, César

Se fue César Ramos y nos dejó a todos dudas y una clara sensación de incredulidad. Supongo que quienes vieron a César de pasada, vale, profe y punto, apenas se hayan enterado y si eso habrán dicho, vale. Otros que pensamos diferente y que vimos en César a alguien más que a un profesor de Religión y Gimnasia (luego llamada Educación Física) nos hemos preguntado ¿por qué?


A nivel personal, César, un año más tarde de llegar a Jesuitas León, entró en mi clase de 5º, con tarima de piedra, nada de tablas, esa grande que había en la esquina, con pirograbadores en la parte de atrás y el magnetófono con que Serafín nos hacía escuchar música clásica a primera hora. La música amansa a las fieras… En mi vida escolar, sentí a César como el profe calvo, que siempre con bata blanca, se encargaba de los buses cuando Don Carlos no lo hacía. César era el del Comedor, el que voceaba e imponía con su altura y tono de voz. El que bailaba en las fiestas, el monitor de basket de mis amigos. El que hacía algo nuevo y más diferente a lo que hacían los demás.


La vida en el cole pasó rápido (interminable de aquella) pero no tardé mucho en regresar. Unos días antes de empezar las prácticas de Magisterio en Jesuitas (ese momento en que aposté por el Cole en vez de por una Beca Erasmus) mi madre y yo nos encontramos a César por la Palomera y él, canturreando decía “ay que poco le queda a alguno” valorando el inicio inminente del Practicum.


Entonces compartí sala de profesores y sofá varias veces con él. Ese vistazo tan distinto a la vida del alumno, desde dentro de la Sala de Profesores, donde la cafetera, donde la mesa enorme, donde me enteré del 11M con aquel móvil gigante de Juan Caño que parecía un ordenador de bolsillo... Allí nos echamos César y yo unas risas varias veces recordando otros tiempos. Tanto coincidía con César y tanto quise implicarme en el Cole, quizás tomándole a él como ejemplo de implicación y dedicación, que no pude rechazar su oferta de hacer teatro con el grupo Teatrillote de padres, madres y profesores. La obra se hizo en varios puntos de León y yo actué en La Robla, y sobre las tablas era un estudiante de derecho que quería abandonar los estudios para ser un buen torero. César, que era mi padre, me gritaba y se daba golpes en la cabeza por ver cómo su hijo se perdía en el mundo de la farándula. Personalmente, el mejor momento de toda la obra, ese debate de por qué quería ser torero y por qué mi padre no quería que lo fuera.


Un poco más tarde y en los años como vigilante de patio, entrenador, sereno, suplente de lo que fuese, delegado, niño de los recaos, enfermero, monitor de campus, montador y sufridor de la barraca, profesor de informática, monitor de autobús, de comedor… de lo que fuese, compartí muchos y buenos momentos con César. Nunca discutimos. Nunca tuvo un mal gesto para conmigo. Y siempre pudimos compaginarnos en diferentes tareas para el bien del Colegio.

Ese profesor que siempre tocaba la guitarra con Ana Castro y Ana María de Lorenzo entre otros guitarristas caídos en el olvido se nos fue el pasado martes. No pude despedirme de él. Nadie pudo, tampoco Alicia. Tampoco los peques. Se fue sin molestar, pero antes de los que todos nos esperábamos. Unos lo vimos esa misma semana con los niños. Otros hacía más tiempo. Otros ese mismo día, la misma tarde… Y todos, como yo, aún no lo creemos.


Se fue César, y se fue otro de los símbolos del Colegio Jesuitas de León, y cada vez quedan menos entre jubilaciones, despedidas inesperadas y la política de un director que por fin termina una carrera penosa en el Colegio y que ha apostado por los de fuera en vez que por los de casa, los que conocíamos mejor a César, los que comulgamos con San Ignacio, Francisco Javier y Fabro…

Ahora, seguro, César está al lado de Silvia, contando cómo fueron las últimas fiestas al Padre Sánchez Castro y preguntándose él también ¿por qué tan pronto? César, profesor, compañero, amigo, padre, allá donde estés, te mando un fuerte abrazo y mis recuerdos a los que veas por allí.

jueves, 10 de febrero de 2011

A los amigos del cole

Celina entraba en clase, con los pantalones ajustados hasta los sobacos, una torera por chaqueta, melena al viento y algunas carpetas bien encajadas bajo el ala. Soltaba algún chiste macabro, nos dejaba caer un pum, algo de tutoría, mal comportamiento, malas notas… algo… que hacía sonrojarse hasta al que mejores notas había sacado, y para que nos relajásemos sus chiquis hacía alguna gracia sobre Javi y su padre el catedrático… menos mal que fue de antaño, si es ahora…

Elisa nos llevó una o dos veces sólo a aquel su escondrijo, aquel desván del cole, de techo de caída, que a ella no importaba, pero que ya a mi me parecía incómodo de darle a la probeta con la cabeza inclinada. Iñaki y yo no teníamos problema, pero a cambio, los terrenales aspirábamos de lleno el aliento de resaca del vino catedral de León, botellas escondidas en dicha caverna, y patrocinador del equipo de fútbol con que debuté en el Loyola, y que usaron mis pupilos cuando fui yo entonces el entrenador.

Mallo, que se salió de cura por la Colombiana, se cogía las manos a la espalda, apenas llegaba a engancharse los dedos. Se paseaba después de haberme mandado escribir algo en el encerado y nos preguntaba para que buscásemos respuestas. Yo mientras estaba allí delante jugando con la tiza, mirando tan para abajo que el espectáculo del cogote debía de ser de casi rotura, a punto de caérseme la cabeza al suelo. Decíamos unas cosas u otras, y él reía con nuestras tontadas pubertinas al escuchar eso de ecuación que satisfaga, y abrochándose la bata decía, será que tiene que ser así.

Leandro olvidaba la educación física para centrarse un mes entero en bádminton. Menos mal que no le dio por hockey. Luego de repente en cuatro clases hacíamos el salto de altura y tiro de balón medicinal, el pi y salto del potro, la velocidad y salto de longitud y el kilómetro. Todo ello bien pero veníamos de dar dos vueltas al campo de fútbol y matándonos a correr Fermín, Iñaki y yo, para recoger un balón y hacer deporte. Ale. Pachanga y punto. A recoger esos centros de Guillermo desde la banda. Se acabó la clase. No me creeréis pero recuerdo el día que corrimos los 100 metros con Serafín.

Marcial era el típico bonachón que tenía todo controlado. Aquel su minilápiz metido en su bolso de bata, con papeles, chuletas, horarios de autobuses, de comedor y todo lo que podías imaginar, no daba crédito al golazo marcado por Fermín por la escuadra del kiosko, amén de petisús y palmeras volando y cabezas de gritones por conseguir una maldita bolsa de los químicos garrochitos. Nos quedamos una temporada sin balón por mentirosos. Pero fue verdad y de las buenas.

Cristina Celemín pasaba páginas de cuaderno grande, de anillas, buscando y atemorizando para ver quién tenía hechos los deberes. Si llegabas tarde de gimnasia. Cero. Si te habías quedado a esperar a Jorge, que había tenido pelea de cintos en el vestuario con Santiago. Cero. No los tengo. Cero. Los tengo a medio hacer. Cero. No sé hacerlo. Cero. Lo hice pero mal. Cero. Yo es que… Cero. Y si insistías te respondía, para nada guapo, para hacerlo mal, no lo hagas. Y volvía a pasar hojas y hojas en su gran cuaderno. Cómo me gustaría ver uno de esos. Bendita enseñanza de inglés. Menos mal que entró AEGEE en mi vida.

Qué tiempos de BUP, y qué buenos amigos traía de antes, até entonces, y tengo ahora. Esto va por vosotros. Y los que no estábais en ésto, ya os tocará.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

La misa, o dónde encontrar a las viudas al caer noche

“La misa es una fiesta muy alegre, la misa es una fiesta con Jesús”. Así cantábamos en el colegio cada semana, dando palmas, con un par de monaguillos, o cuatro, y un Padre Sánchez Castro poniendo firmes a más de cien chavales que pronto dejaríamos de ser niños.

Cuán diferente son las misas de adultos a las del cole. ¿Una misa es una fiesta? Vale, no tenías mates, te juntaban con otras secciones, veías a las chavalas de otras clases, ya cansado de ver siempre a las mismas ñoñas y pijas que sólo buscaban que gustar a los de cursos superiores… Ahora las misas son congregaciones de luto y jubilación, de tembleques, palidez, mandíbulas sin casi dientes, susurrantes en momentos de silencio, esos de muestra de la ostia al cielo ¿qué rezan las viejas ahí?. Cantando antaño sintonías de comida, “fritos fritos fritos, fritos de maíz” de aquella, jeje, que risas y qué mal porque te lo cantaban al oído ya en la fila para comulgar. Menos mal que César Ramos y su legión de guitarreros cantaban y podíamos hablar un poco y se camuflaba el barullo… Cabos de año, segundos aniversarios, enésimos… recordando a difuntos con una mayoría de viudas espectacular... con un cura viejo, más bien gordo, calvo o canoso, que apenas puede hincar la rodilla en el suelo para la genuflexión y lo único que hinca es el codo con el brindis de la sangre de Cristo. Y digo yo, si nos invita a la cena y nos da pan, ¿por qué no reparte a los fieles un traguito de su sangre?

Otro momento particular en misa es el de la lectura. Con fieles de extrema religiosidad, que se ofrecen para salir a escena… es decir, al altar, a leer y buscar el texto entre cientos de separadores de colores. Un atril para políticos, un parapeto para los curas de antaño, esos que bajaron de los púlpitos colgantes junto al coro (siempre para estar sobre los fieles). Son también esas personas que, con el cura fuera de escena, vistiéndose para la ocasión con los colores que marca la moda, llevan la voz cantante en el rosario, avemariapspspsps, dios te salve maria pspspsps. Eso es un rosario. Sabes cuándo empieza, pero no sabes cuándo acabará…

Tras la lectura se levanta el cura y con él todos los fieles. Ahí va la lectura de una carta de alguien a alguien. En aquel tiempo… vino Jesús a no se dónde y dijo… Aventuras y pequeños cuentos y ensayos de la vida de Jesús, a los que puede hacerse un seguimiento novelesco, culebrón sin tele, o con tele, como en muchas iglesias de columnas gruesas, de planta de cruz que no ve al cura… y muchas ya, amplificadores de audio repartidos por las paredes. Palabra del Señor. Esa cesta con donativos…

El momento de la paz da para mucho. De niños nos golpeábamos y pellizcábamos sin que nos viese el cura. Ahora tus manos sudan, las das a los lados. ¿Te giras? ¿Y si el de delante no se gira a darte la paz y tú si que te giraste al banco de detrás, eres un inquieto? Momento que aprovecha mucha gente para otear quién hay. Al igual que con la comunión, un paseíto y alzo la vista para ver si está ésta, o vino aquella… o no sé qué la habrá pasado hoy a la otra para no haber venido…

Comulgar de la mano del cura, que ha estado (y que yo haya visto) tocando la mesa, la llave, el libro, la rodilla, el cáliz, mi lengua… ¿O comulgar haciéndole poner la olea sobre mi mano y de allí yo ya la meto en mi boca? Qué dilema. Sigue habiendo pasado por su mano… y además pasa por la mía, que he tocado a los de mi banco, a las de atrás, a las de delante, el banco, sujeté la puerta para entrar, cogí un folleto del Domund…

Momento silencioso, de reflexión, y de podéis ir en paz. Los hombres ya habrán salido, porque casi siempre se quedan atrás o en el coro formando a veces algo de alboroto. En el cole salíamos por filas. Momento interminable aquel… de empujones, de rodillazos…

Encuentro en la puerta, besos, no te había visto (directa a confesión: ya la vió una de las veces durante la gimnasia de arrodillarse, de pie, que se giró para atrás recogiendo la falda al sentarse en el banco), pues hace más frío fuera que dentro, yo tengo los brazos helados, ha venido un tiempo muy malo, no somos nadie, ya ves, pachucha, ¿y tú? Tirando, no vale una pa nada, y mañana es el cabo de año del marido de la vecina de mi prima la que una vez viste, ah si, vendré entonces, pues venga que ya está oscuro y tengo que hacer la cena, hasta mañana.

miércoles, 19 de mayo de 2010

La misión

Rompe su voto el que jura obediencia pero alzándose a la violencia, no necesariamente debiendo de empuñar una espada, y pudiendo ser verbal, castigando innecesariamente y condenando a otra persona.

Tumbado en el sofá tras una noche de tormentos y cuchillos largos, ayer puse de nuevo “La Misión”. Habíamos hablado algo del pasado jesuita el sábado en el centenario del que os hablé, y recordé a Jeremy Irons tocando la flauta y trepando unas las cataratas por las que iba Liam Neeson minutos más tarde. Inmediatamente me vino el llanto de Robert de Niro al llegar a la cima siendo despojado de “su carga” y ya metiendo el USB en la tele un momento de la batalla cantando el “Ave María”. Tenía ansia por verla, y apenas me hube sentado, vi caer al crucificado.

Luego todo fue traerme recuerdos de la otra vez, y ponerme en la piel de un jesuita de los de antaño, flacos, aventureros, increíbles… Acabó la película y me vine a Internet, madre de las enciclopedias, y busqué y linkeé, y una página me llevó a otra, indagando sobre un pasado lleno de expulsiones, de aceptaciones, de conquistas y de poder, olvidando a veces la dura lucha de los muchos Padres Gabriel.

La orden jesuita, con Ignacio y Francisco Javier primero y luego todos los que siguieron, hasta ahora, y pese a la crisis, han ido cambiando su misión.

Es distinto lo sé, pero no sé si ahora sigue en pie el voto que una vez se juró. El estancamiento de la iglesia y de sus órdenes es el problema, pero al menos me alegro de haber estudiado en su colegio y que los jesuitas tomasen parte importante en la historia.

A lo que digo yo… ¿El oso barrigón de Disney, metido en su despacho y falso acaparador, habrá visto la película? ¿O aún seguirá justificando la estatua del Sagrado Corazón? Pues se la recomiendo y que deje de jugar con Torrente.

sábado, 15 de mayo de 2010

Hoy era día de cole


Hoy era uno de esos días en los que todos sonríen, algunos y algunas cambian y ponen celo nuevo y tirante en la nuca mostrando falsedades, y otros simplemente pasan del asunto, van, y ya está.

Hoy fuimos hasta el colegio Jesuitas de León, que tras haberlo traído de Carrión de los Condes, se instaló en una pradera lejos del centro, en medio de unos prados hace 50 años. Desde entonces hasta hoy mucho cambió el tema. La educación es diferente, totalmente, si, con leyes como la del 70, la de la LOGSE… La política ha cambiado, por supuesto que ha cambiado, y de fundarse en tiempos de dictadura herméticamente cerrados por la cremallera pirenaica, ahora presidimos la Unión Europea, presumiendo que por este colegio pasó el candidato a la oposición, Mariano.

Hoy hablaron de ser 6 jesuitas, amén de más de 50 que empezaron hace medio siglo. Y es que el sentimiento religioso ha cambiado en España. De ser sólo chicos, a ser colegio mixto. De ser sólo para pensionistas, a ir a clase y marchar para casa. Así cambió el paisaje, y de ver la catedral desde el hall de entrada, ahora vemos la facultad de Industriales, y en un par de meses una estatua del Sagrado Corazón.

Hoy a las 10 entramos. Paseamos y vimos fotos. Frases de antaño y mucho sentimiento. Pocos jóvenes, amén del mal futuro que promete León, y otros por la “buena gestión” para con ellos del oso de Disney. Qué amor le tienen. Cuánto afecto le tenemos. Y cuánto se embadurnó al explicar el por qué de la estatua, tirándose flores delante del provincial, qué mal pintó eso, horrible a mi entender, y más por ser en misa. Misa de 11, donde siempre. El mismo lugar donde arranqué unas risas hace un tiempo con los chavales y un club de la comedia traído a las fiestas.

Hoy hablamos de las fiestas del colegio. Esas fiestas pasadas por agua y unas fiestas que mucho cambiaron. De tener muchos lujos, a esas otras con capea.

Hoy faltaban Chespi, Silvia, Diéguez, Macario y otros tantos. Faltaban y no sé la causa Almunia, Serafín, Salán… que en los 10 años de paso siempre estaban ahí. A punto de los 101 estaba el Hermano Hernández. Y otros míticos, Elisa, Pilar, “Hermano Benito, portería”, Mallo, Don Carlos, Don Felipe, Marcial, Aladro, Balerdi, Fernando Laiglesia, Mimi…

Hoy era un día que podía haberse explotado más en el colegio. Una visita guiada por los pasillos, por los laboratorios, por las clases... Hoy era día de haber enseñado el polideportivo, que no llovía, los campos de fútbol, el comedor... Paseo alrededor... Hoy era día de haber puesto un pincheo y tomarlo en el cole, y gastarse un poco menos en la estatua. Bendita estatua. Hoy era día de cole, no de restaurante. Hoy era día de foto en la entrada, y no en un bar o un parking. Para comer con mis amigos me voy a donde quiero y como por menos que eso. Un día es un día, lo sabemos, pero por eso un día cada 50 años, nos podríamos haber permitido un pincheo, don Winnie.

Hoy era día de entrar de nuevo a mi casa.

Hoy era día de ver de nuevo a quien no me quiso en casa.

Hoy era día de ver a gente que fueron y son mi familia, y a otros nuevos en ella.

Hoy era día de ir. Y me gusta haberlo decidido. Ahora espero poder hacer una de estas antes, y poder llegar al centenario. ¿Y quién sabe si veré mi foto en la sala de video?

viernes, 19 de junio de 2009

Ferrer y Sánchez Castro suben juntos

La crisis de los años 20 dejaron pobreza, asesinatos, suicidios y ricos. En el año 20 nació Vicente Ferrer, y hoy ha muerto. Salía ayer con Iñaki y Jorge del tanatorio, de acercarnos a ver la capilla ardiente de J. Sánchez Castro, “Chespi”, que entre otras cosas, los dio la primera ostia, nos dio clase, fue un buen compañero y se portó muy bien siempre conmigo. Allí estaba él, diferente a como siempre, y al rato una caña con un trajeado y con corbata Adrián nos trajo recuerdos y entendimos que la vida pasa. Nosotros, alumnos suyos, estábamos en un bar… sin llorarle, positivos, como él siempre quería con ese ímpetu y energía. Siempre recuerdo aquello que decía de que un día antes de ordenarse sacerdote, o (mierda de memoria) algún examen importante, se pasó la tarde jugando a fútbol en la playa, sin tocar un libro. Él fue el primero que dio palabras y gestos amables cuando entramos mi hermano y yo en el colegio, allí en Secretaría, mientras nos daban los libros de un colegio nuevo, grande, y que no siempre está dirigido por quien más sabe.

Un día nos dejaba él, y a los dos días otro jesuita, que este sin venirse al Colegio Sagrado Corazón de León, que fue a misiones a Mumbai por terminar su formación espiritual. Allí, tras denegarle la estancia por motivos y rencores que explica de forma diversa la hemeroteca de internet, volver, y tras alejarse de la orden, montar la que montó junto a Ana, su mujer. La Fundación Vicente Ferrer seguirá viva también mañana. Es su deseo.

“En todo amar y servir”, “Pitufos y pitufas”, “oye majo”, “hola hola”, “la religión es vida”… todo eso, en nuestra mente, y en nuestro recuerdo personal. Ambos suben juntos al cielo de todos, tienen un espacio reservado. Tempus irreparabile fugit.