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miércoles, 6 de noviembre de 2013

La Utopía del Mundo Feliz de 1984


Orwell ideaba un estilo y modo de vida para 1984 muy diferente al que fue en la realidad. ¿O no tan diferente? Bombas nucleares… las ha habido, guerras constantes, también. Los gobiernos idealizan al enemigo con una imagen, una persona, una idea que se contagia entre sus ciudadanos. Un líder identificado, los presidentes de los gobiernos, Bush, Obama, un malo malísimo, Hussein, Bin Laden, los árabes, antaño los comunistas… pero así pensamos nosotros. ¿Por qué los capitalistas vamos a ser los buenos? 


La prensa está manipulada. Como en los Simpsons, adoramos al líder y vemos su forma en todas partes, hasta en las alubias. Famosos, cantantes, deportistas y actores pueblan las paredes de los niños, niñas y jóvenes con sus imágenes. Escuchas ilegales, control a través de internet, de correos electrónicos, de redes sociales… La televisión nos hace borregos. La radio, también. Los periódicos tampoco se salvan. Nos emiten y publican lo que interesa. Hoy en día nadie habla del resurgimiento de Indonesia tras el tsunami. O de aquella tormenta que asoló Nueva Orleans. En las minas de León queda el recuerdo de los familiares. De vez en cuando pateras, otras matanzas que nos alejan y promueven la idea de Siria y Oriente Medio llenos de problemas. Todo se controla, es sectario. También se paga por que hablen de ti. Manipulación… ¡Rebelión en la Granja que es el mundo, hermanos! El líder es bueno en esta Utopía llamada vida. El líder es sabio. Y si pensamos diferente, seremos los raros, los locos… los que van a contracorriente… ¿es así el Mundo Feliz que queremos?

miércoles, 6 de julio de 2011

Filosofada sobre la sucesión del poder

La incompatibilidad de algunas personas se agranda una vez llegan al poder y cogen el mando en diferentes instituciones, entidades o grupos sociales; es más, un perro olerá a otro el culo tal cual y serán tan amigos, juegos para aquí y para allí pero si uno de ellos pretende ser el líder, ay tú, agárrate los machos que se altera la jauría.

Y esto viene fruto de qué, ¿del ansia de poder? ¿del choque de identidades? Algún filósofo dijo algo y otros pensadores dirían lo otro. No me hace falta leerlos para pensar por mí mismo. Las actuaciones se repiten en todos los ámbitos. Que el de antes creyó hacer esto y al ver al sucesor hacer lo que no quiere se rebelará; pero más escocerá y chillará al aguantar ver a otro en una silla que un día fue suya y al pretender ayudarlo por no caer en errores y baches donde él estuvo y cayó, el nuevo no lo haga caso y lo aparte, pensando que lo quiere arrebatar su insignia de sheriff, o bien creer que sería la primera tanda de un suceder de consejos que pudieran desacreditarlo ante los ojos de otros cercanos. O también quisiera arrollar con su plan de nuevas ideas (en ocasiones no tan frescas y simplemente repetidoras de una estrategia anterior pero con otro nombre u otro guía; al final llegarán al mismo punto, pero cada cual lo habrá vendido a su manera).

Cachondo y perturbado, el primero se irá alejando a no ser que quiera dar un golpe de estado, picando de vez en cuando porque escueza el diario del ascendido, y éste, en la supremacía, y haciendo oídos sordos al otro, lo dejará ir sin darlo ese aplauso que tan merecido tiene, pero que tanto le jodería. Una patada en el culo y sus problemas en parte se habrían ido. Dejémoslo en un cierre de puerta y un querer rejuvenecer su entorno, sin darse cuenta el tontorrón, que el próximo en irse será él mismo, y quizás apaleado. Sí, sí apaleado.