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martes, 3 de marzo de 2020

Reseña de Anheron: Sentimientos de cuero y acero



Pocas veces te topas con el escritor de uno de los libros que tienes en la estantería. Mucho menos que charles con él y puedas compartir un refresco, unas ideas, o una pasión por la literatura. Mucho menos aún que pase a recogerte por casa para llevarte a una mesa redonda sobre literatura fantástica en la que puedes charlar mano a mano con él y otros buenos escritores... Y es que Jorge Diez Miguélez ante todo es un desarrollador de historias. Se deja aconsejar y en todo momento quiere mejorar su historia. Quiere que busques erratas. Quiere crítica de la buena, la que te hace crecer y no te marca como enemigo si dices que algo no te ha convencido o gustado y por supuesto, no te envía a las filas de Lord Kharon-Ra... Esto lleva a que su mente, creadora del mundo de Anheron, se mezcle con tus historias y escritos, que muy lejos anda de ésto suyo, y haga chispa para proyectos de literaturas de fantasía junto a otros dos personajes, además, vecinos, que rulan de igual manera.

Todo este enjambre conduce a que leas aún con más ganas esas letras que comienzan situándote en un reino de Ankhor en el que se van uniendo unos personajes cargados de misterio, el joven sin experiencia, la chica mosquita muerta, el enano gruñón, el elfo raro... y a los que vas descubriendo capítulo a capítulo, entre lobos con hambre, batallas épicas, rincones exóticos, visualizando cada escena como si estuvieses viendo una película, y como si al fin y al cabo, tú mismo preparases un plan de ataque con un centauro, o te bebieses una cerveza en una taberna de las de toda la vida, con su oscuridad, misterio y delincuentes. 

La acción te conduce a un éxtasis devorador de palabras, líneas y párrafos que te meten de lleno en un mundo creado de principio a fin por un autor apasionado con su criatura recién reeditada. Todo un descubrimiento, tanto él, como su saga. Vamos a por el siguiente.

jueves, 7 de noviembre de 2013

Destripando el 1984 orwelliano


Publicado en web del Club de Lectura Tempus y la web de AJ Tempus

En la Biblioteca de Villaquilambre, y no en la habitación 101, número copiado del despacho de Orwell en la BBC, hoy hemos charlado sobre el origen de la frase hecha de que algo es "orwelliano". Sociedad ¿futura? ¿ideal? a la que irremediablemente nos acercamos. Como si fuéramos el propio Woody Allen en el Dormilón de 1973, ese despertarse en un mundo diferente y futurista; destripamos el libro donde Winston Smith (como Churchill y la mayoría de ingleses) en la franja aérea 1 (antes llamada Londres) de un gran imperio, Oceanía, vive y modifica los artículos de la revista "Time" adaptándolo a la sociedad que le ha sido impuesta, y que nunca sale de una constante guerra (que está alejada del punto donde trascurre la historia y de la que incluso se piensa que podría ser inventada acelerando el sentimiento nacionalista) con sus países/imperios enemigos. Ahora con uno, ahora con otro, avisando a la población con pantallas en cada rincón, cada estancia, con vídeos propagandísticos al estilo de la URSS más comunista, con dos minutos de odio y euforia...

Hablamos del libro "Nosotros", de la vida de Stalin en "La corte del Zar Rojo", el destierro a Siberia en "Archipiélago Gulaj" y el documental "Asaltar los cielos" en el que descubriremos cuando veamos a Trostky en Cuba, en México, como amante de Frida Kahlo y asesinado por un español, Ramón Mercader, familia a su vez del promotor y causante de que los Rolling Stones tocasen en España. Ese país en el que luchó el propio Orwell y que dio pie al "Homenaje a España" y que ya sentado en su oficina, iría leyendo y descubriendo que la verdad de los hechos no era lo que recogía la prensa. Verdad manipulada, la historia la escriben los vencedores. Guerra es paz. Libertad es esclavitud. Ignorancia es fuerza, hermanos. La V de Vendetta como símbolo de los Aliados en la IIª Guerra Mundial, Stalin al puro estilo Big Brother y el juego de palabras de Trostky, que era realmente Bronstein y en el libro su imagen se llama Goldstein. El enemigo común. Ese que hará gritar a los burócratas condenados a una misma vida vigilada, mientras que los proles, pese a ser mayoría, serán incapaces, como animales que son, de asaltar el poder. Animales que sí que tienen su banda sonora de Pink Floyd en Rebelión en la Granja.

El mundo feliz de Huxley se ve en esta novela como un mundo más amable que en un 1984, cruel, más pobre, con ratas a punto de perforarte la cara, puras Crónicas Marcianas escritas en una Neolengua que en 2050 hablará toda la gente... Y lo que lees ahora, en este mismo momento, habrá desaparecido. Sólo quedará el sexto álbum de David Bowie, Diamonds Groups, hablando de una ciudad postapocalíptica...

lunes, 5 de agosto de 2013

Ciérrenme y déjenme en el Landos y en Terravera


Cuando estas inmerso en plena conquista de Oco por los fraters y melesos de Terravera te olvidas del resto del mundo. Un mundo alejado de toda realidad. Tu mundo, el de tu cabeza. Y no quieres más. Aquí eres feliz.

No quieres saber nada de política, ni de deporte. De disculpas que acallan críticas, de encarcelamientos, de liberaciones. No quieres oír penas, robos, chantajes y manipulaciones. No quieres escuchar cifras de desempleo, ni provocaciones de unos y otros. Jueces que se hacen famosos, un Rey que pierde adeptos, millones por un jugador que parece un dios, el Papa por Sudamérica, cierres de empresas, subvenciones que no son lo que eran, accidentes, manifestaciones, enfermedades, muertes, desolación…


Ciérrenme en una sala con mi ordenador, mis libros y mis historias. Déjenme con Malastera, con el Gran Verón bajando con su guardia desde Las Piezas, con el Guardián del Lando embarcando en el puerto de Goma, los faros de Kindoria, la Isla de los Piratas, el Mar de la Tempestad, las Cascadas de Carioco…

viernes, 30 de noviembre de 2012

Cultura bajo la nieve




Ya sale León en el telediario. Ya vienen las nieves. ¿De qué otra forma podemos salir si no? Ni carteleras o estrenos de cine en nuestro Emperador andamiado, ni rodajes de producciones que lleguen a los cines de la Gran Vía chulapa, al menos. Sólo pasta y pasta para traer al ballet de Bielorrusia, ole ole y ole, que vienen desde lejos para deleite cazurrón. ¿Y el teatro? Ya la tuvimos hace un tiempo… ¿te acuerdas? Así va el teatro… 

¿Y qué hay de lo nuestro? La unidad de quemados se desentiende del Purple Weekend, de la promoción de eventos juveniles en su tan aclamado Espacio Vías… Olvidados quedan conciertos celtas, como los de antaño, y la música se queda en pequeños conciertillos, de entretenimiento de unos pocos, en pubs y baretos de los barrios Húmedo y Romántico, esos que apuestan, se reconvierten y luchan con nuevas estrategias para seguir abiertos un día más. Puras apuestas de empresarios que se traen a unos y otros para ganarse las copas y birras de cuatro pelagatos. No hay nadie que llene la Plaza de Toros, ni el circo, ni las motos al Freestyle. Eso se consigue sólo con tacos de queso y cortes de embutidos directos al gaznate del Imserso… 

Los arquitectos no tienen qué construir, les falta dinero para seguir levantando torres. Los escultores no hacen más que estatuas que manchan su entorno, que dejan un reguero tras de sí provocando la vergüenza de los vecinos. ¿Por qué usan ese material tan feo y frío? Y otros no se saben ni lo que son, ni quiénes, que se lo digan a Gaudí… o a quien esté sentado enfrente de Botines. ¿Y los pintores? No hay ni grafiteros de chándal y gorra. Sólo pintores de brocha gorda. Y a lo sumo, cuatro raros que exponen en el Musac. 

En León tiran las letras, y nos llenamos de presentaciones y firmas pomposas. De letras y poesía que no llega más allá de a los de siempre. Tickets y entradas para sentarse a degustar una buena crítica literaria, y pocas veladas en bares, que como en clubes, inviten a comentarios y diálogos sobre los libros, unos autores, unas letras... Una Feria anual de libros en la calle y otra de libros antiguos, y el último de noviembre, ninguna librería cazurra en el Movimiento Nacional del Día de las Librerías… 


Unos pocos aún siguen, cada viernes de Dolores, deleitando con poemas la noche leonesa. Faltan iniciativas que abran las puertas a escritores nóveles, a indecisos que no saben cómo firmar su primera edición. De enseñarles y abrirles las puertas de un mundo literario que tanto aclama León, como también lo desatiende. No hay casi oportunidades para esos que tienen entre sus manos, o en sus pinchos un documento, unas páginas, unos sueños que buscan lectores. Porque aquí el pincho se queda en tapa, y con rosca, hermética, la cultura bajo la nieve.

miércoles, 25 de abril de 2012

No hay nada que hacer, los libros, como León, están sentenciados



Tan dados a carteles y propaganda con caretos y fráses cómodas, panfletos y promociones de personas casi divinas… y apenas vi dos reseñas de una feria que aún sigue, sí señora sí, aún sigue donde Botines.
Les hablo de la Feria del Libro, Doña Paca, deje usted el punto y acérquese a la Plaza de las Palomas que hay un algo montao y anda ahí la juventud. Dichosa, por cierto, que se atreve en tiempos que corren, de soltar cientos de libros por toda la ciudad. “¡Anda, un libro metido en bolsa! ¡Ale, al bolso y pa la estantería junto a la tele! ¡Ay qué bonito queda!”. Bookcrossing dice la carátula, “Bocrosin… dice, sí, Bocrosin”. ¡Qué paletos somos!
¡Cómo vive el cazurrón, viendo esas casetas prefabricadas y símbolo de fiesta! Ale los leoneses, que seguimos montando bares como puestos para ahogar las penas. Y uno en medio de tanto papel, para debatir y crear tertulia, claro, como en los bares de antaño, parloteando del Ikea y de la nieve en Pajares. ¿Y de los Comuneros? “Una tontería de idea de los políticos. Una más. Baaaah. Nos hacen creer que es fiesta”, dice uno con el palillo en la boca y el vermú bien sujeto, “y no es más que un día pa celebrar no sé qué gaitas”. “Una fiesta en Villalar”, dice el otro “ahí… en Pucela”. “Padilla, Bravo y Maldonado”, como metralleta dice el nieto. “Calla niño y cómete la tapa”. Olvido. Lejanía. Desinterés. Ya lo dicta el cartel en la fachada de la UPL: “23 de abril, nada que celebrar. 29 años de crisis con Castilla”.
Y por si fuera poca la imbecilidad humana, va El Corte Inglés, ese que rige el gasto de los regalos familiares, los 8 días de oro que son más de 8, anuncia en julio a vuelta al cole, avanza que ya es primavera cuando caen chuzos de punta y famoso por aquello de que si no queda satisfecho, le devolvemos su dinero y anuncia la estupidez del fin de semana: “Conmemora el día del libro y completa tu colección de recuerdos”.
Los libros están sentenciados. No son un presente, pese a quien pese. El Corte Inglés los ha llamado recuerdos. Razón tenía la Paca, cuando puso el libro junto a la tele. El libro no es más que un bonito adorno en la estantería.
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