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viernes, 24 de junio de 2011

Hasta luego, César

Se fue César Ramos y nos dejó a todos dudas y una clara sensación de incredulidad. Supongo que quienes vieron a César de pasada, vale, profe y punto, apenas se hayan enterado y si eso habrán dicho, vale. Otros que pensamos diferente y que vimos en César a alguien más que a un profesor de Religión y Gimnasia (luego llamada Educación Física) nos hemos preguntado ¿por qué?


A nivel personal, César, un año más tarde de llegar a Jesuitas León, entró en mi clase de 5º, con tarima de piedra, nada de tablas, esa grande que había en la esquina, con pirograbadores en la parte de atrás y el magnetófono con que Serafín nos hacía escuchar música clásica a primera hora. La música amansa a las fieras… En mi vida escolar, sentí a César como el profe calvo, que siempre con bata blanca, se encargaba de los buses cuando Don Carlos no lo hacía. César era el del Comedor, el que voceaba e imponía con su altura y tono de voz. El que bailaba en las fiestas, el monitor de basket de mis amigos. El que hacía algo nuevo y más diferente a lo que hacían los demás.


La vida en el cole pasó rápido (interminable de aquella) pero no tardé mucho en regresar. Unos días antes de empezar las prácticas de Magisterio en Jesuitas (ese momento en que aposté por el Cole en vez de por una Beca Erasmus) mi madre y yo nos encontramos a César por la Palomera y él, canturreando decía “ay que poco le queda a alguno” valorando el inicio inminente del Practicum.


Entonces compartí sala de profesores y sofá varias veces con él. Ese vistazo tan distinto a la vida del alumno, desde dentro de la Sala de Profesores, donde la cafetera, donde la mesa enorme, donde me enteré del 11M con aquel móvil gigante de Juan Caño que parecía un ordenador de bolsillo... Allí nos echamos César y yo unas risas varias veces recordando otros tiempos. Tanto coincidía con César y tanto quise implicarme en el Cole, quizás tomándole a él como ejemplo de implicación y dedicación, que no pude rechazar su oferta de hacer teatro con el grupo Teatrillote de padres, madres y profesores. La obra se hizo en varios puntos de León y yo actué en La Robla, y sobre las tablas era un estudiante de derecho que quería abandonar los estudios para ser un buen torero. César, que era mi padre, me gritaba y se daba golpes en la cabeza por ver cómo su hijo se perdía en el mundo de la farándula. Personalmente, el mejor momento de toda la obra, ese debate de por qué quería ser torero y por qué mi padre no quería que lo fuera.


Un poco más tarde y en los años como vigilante de patio, entrenador, sereno, suplente de lo que fuese, delegado, niño de los recaos, enfermero, monitor de campus, montador y sufridor de la barraca, profesor de informática, monitor de autobús, de comedor… de lo que fuese, compartí muchos y buenos momentos con César. Nunca discutimos. Nunca tuvo un mal gesto para conmigo. Y siempre pudimos compaginarnos en diferentes tareas para el bien del Colegio.

Ese profesor que siempre tocaba la guitarra con Ana Castro y Ana María de Lorenzo entre otros guitarristas caídos en el olvido se nos fue el pasado martes. No pude despedirme de él. Nadie pudo, tampoco Alicia. Tampoco los peques. Se fue sin molestar, pero antes de los que todos nos esperábamos. Unos lo vimos esa misma semana con los niños. Otros hacía más tiempo. Otros ese mismo día, la misma tarde… Y todos, como yo, aún no lo creemos.


Se fue César, y se fue otro de los símbolos del Colegio Jesuitas de León, y cada vez quedan menos entre jubilaciones, despedidas inesperadas y la política de un director que por fin termina una carrera penosa en el Colegio y que ha apostado por los de fuera en vez que por los de casa, los que conocíamos mejor a César, los que comulgamos con San Ignacio, Francisco Javier y Fabro…

Ahora, seguro, César está al lado de Silvia, contando cómo fueron las últimas fiestas al Padre Sánchez Castro y preguntándose él también ¿por qué tan pronto? César, profesor, compañero, amigo, padre, allá donde estés, te mando un fuerte abrazo y mis recuerdos a los que veas por allí.

miércoles, 4 de mayo de 2011

Sube a la nave. Yo subí.

Os escribe un antiguo mecánico AEGEERO que llegó en 2005 directo de la SU de un popurrí de frutas donde habrá un próximo Ágora, aterrizando poco después del último Regional Meeting en el Guijo de Ávila en la nave de Vir, Juan y Txema, de Vicente, Joao, Noemí, Miller... Y que atacando fuerte a Europa desde el salón de fiestas "la capilla" de Solórzano, capitaneó desde Chipre, con militares de la ONU a pocos metros, y hasta Leuven, volviendo en bus y trayendo a los griegos por 6 meses en nuestro network, a Soni, Pedro, Lara, Coral, Catarina, César, Vicentesiempreeterno, Alberto y a una Sara recién elegida jefa de un nuevo y ahora ya viejo 3.0, podía decir casi aquello de Mare Nostrum... Así enseñábamos a Europa nuestro trabajo y así abríamos una puerta y un espacio que ahora estáis ocupando.

Ya no es cosa de un sólo español el que se presenta a un cargo o puesto. Ahora nos perdemos en candidaturas, tenemos presencia en casi todo, netcom, flagship, academy, it... incluso en la Casa del CD!!!

Los medios, Les Anciens... todo el mundo habla de nuestra gente, de nuestro trabajo. De nuestro buen hacer!!

Por eso llega el turno de un nuevo equipo, de una gente con experiencia que nos guiará a todos hasta el infinito y más allá. Juan Hernández dijo en 2007 que él en AEGEE no tenía límites... Y yo digo 4 años más tarde que NADIE EN AEGEE TIENE LÍMITES. Todos tenemos la posibilidad de participar, de involucrarnos, de crecer, de sentirnos bien y de hacer sentirse bien a la gente.

Europa ya no es una utopía. Europa es una realidad, y en parte, gracias a todos vosotros!

domingo, 1 de mayo de 2011

Tu Ágora de Alicante

Tú, que estabas acostumbrado al mundo de los local training courses, eventos de formación, network meetings y eventos europeos, tuviste que ver por internet cómo se celebraban los plenarios del Ágora de Alicante, ese macroevento europeo que no se celebraba desde 2003 en España (allí nació AEGEE-León). Hace un año habías luchado por que esto cayese en tierra del Hércules y entonces estabas por Leiden, en Holanda, se acababa tu tiempo de responsable para España y Portugal y quedabas elegido representante de Grecia. El volcán islandés hacía pum y tenías que volver en bus. Miraste por la ventana y viste un letrero de desvío para Rotterdam; y en medio de la noche despertaste y preguntaste qué era aquella luz del fondo. Te dijeron: la Torre Eiffel. La siguiente apertura de ojos era en medio de Burdeos. Y a la mañana ya viste el estadio de Anoeta…

La posibilidad de ver a los candidatos presentarse, aguantar la serie de preguntas (mitad de ellas estupideces) y al día siguiente aguardar desde tu conexión pirata, con impaciencia y nerviosismo quién había de formar parte de una comisión, un Comité Director en Bruselas, o el proyecto bandera para los próximos años, te dejaron una sensación de tiempo pasado y un tempus irreparabile fugit desalentador.

Otrora estabas en Chipre presentándote jovencito como candidato. Te hablaban desde el Chair Team, te buscaban los directivos de AEGEE-Europa… Ahora lo veías desde tu casa, y seguías viendo a sempiternos y nuevecitos. Chavales ilusionados como tú hace un par de años, que buscan encontrar en Europa un lugar de desarrollo, un medio para ampliar formación y conocimiento y así crecer como personas. Por la experiencia votaría a todos para que pudiesen hacerlo. La aventura mereció la pena.

En esa estabas sumido en tristeza por ese mundo formativo que bien te gusta, maestro sin colegio, cuando recibiste una llamada en la que te ofrecían ser el ponente para unos temas de juventud en un pueblo a unos kilómetros de León. Tu suerte pareció cambiar. No estás acabado del todo. Pasa página chaval, y escribe una nueva aventura.

No lo dudaste: Si.