viernes, 6 de junio de 2008

Saludando a un Cervantes

Sería un señor cualquiera. Sería uno que espera minutos y minutos la llegada de un taxi ahí donde siempre los hay, pero que cuando uno buscas, faltan o están en una carrera…

Sería un hombre de pelo cano, de cara grande y de mentón caído. Sería un hombre de mediana altura, con un bastón empuñado en la izquierda, y un periódico enroscado a la otra. Sería un erudito cualquiera. Uno de los sabios, o aparentemente sabio, pero que el móvil lo llegó ya tarde. Un hombre de esos que se pasean a plena mañana por una ciudad elegante y soleada. Un hombre de los pedantes… No éste.

Sería aquí un hombre de traje serio, gemelos de oro y alfiler en corbata. Sería, quizás, pero éste no iba así. Una camisa blanca y las gafas colgadas al pecho, como ya le vi otro día. Sería un hombre de unos setenta y casi ochenta.

Sería, y lo es, claro que si. Sería de esos que se pasean por la Calle Ancha o por Ordoño II entre moda y sucursales bancarias con maletas y mochilas llenas de fango, o vacías. ¡Devuélvame el aval que no tengo qué comer!. Sería, pero iba de sport, ya dije.

Sería pecado no reconocerle. Pero lo ví al pasar en mi coche, y esperar en el semáforo. Y lo vi luego andando, como cansado de aguardar un taxi. Volvió sobre sus pasos y apoyado en el aire miraba el reloj. ¿Don Antonio? Pregunté. Si, buenos días. Lo he reconocido y no podía marchar sin saludarle. ¡Oh! muy amable, joven. Y me extendió su mano. Esa mano que a tantos ha dado. Esa mano que ha tomado el Rey, y que ahora me ofrecía. Enhorabuena por sus premios, me adelanté, estúpido, sin recordar más que un Cervantes… ¡he leído sus poemas! ¿Te gusta leer? Lo que más y entender la historia. La historia no es para entenderla, sino para interpretarla. Si, cierto es y quería agradecerle el haberse quedado siempre en León. Sé que es de Oviedo, pero siempre ha estado en León. Y yo adoro León. León es como un sueño. (Mi taxi viene ahí). Un sueño del que jamás quiero despertar y sólo el despertador y las prisas de Madrid me hacen salir de la cama.


Sin palabras… olvidados quedaron algunos versos. Atrás quedaron frases que tienes apuntadas en papeles por el armario, en el corcho… Un placer y encantado. Abrir la puerta de un taxi y ayudarlo con su bastón. (Idiota, no recordaste aquello que podías haber citado, “No mueras más en mí, sal de mi lengua. / Dame la mano para entrar en la nieve"). Lejos se iría con otras historias y frases sabias. A otro le daría rienda suelta a escribir en su blog. O bien otros subirían la radio por no querer mantener una charla o querer aprender de uno de los grandes, y encima, de los nuestros… Atontado e inmóvil me quedé en la avenida hasta perder el coche delante de un bus…

“Bajo las águilas silenciosas, la inmensidad carece de significado”. Don Antonio Gamoneda.

1 comentario:

Anónimo dijo...

yo también me lo crucé un día. Parece un tipo muy normal, y luego piensas y es la leche!!!