martes, 26 de febrero de 2008

Epi y Blas

Llegaste a casa a falta de cinco minutos para cambiar de día. Viste que tus padres estaban viendo el debate. Qué raro. Bromeaste con tu padre, (a sabiendas de que odia a todos los políticos) por dejar grabando una serie a la que están enganchados él y tu madre, y ver eso de lo que mañana hablarán en los mercados, en los periódicos, teles y cafés del trabajo. Te enganchaste a los resúmenes, al post-debate, preso del sofá, que te llamaba para que te quedases en él.

Reíste unos minutos antes con la griega sobre la palabra “debate”, y ella enumeró una serie de palabras que vienen del inglés, y que los españoles pronunciamos más fuerte. (“Dibeit” decía ella, para decir yo debate). Y así caminamos bordeando el parque de San Francisco. Ya se habían retirado los hermanos cofrades, en León “papones”, que ensayan cada día en él. La Semana Santa está cerca, y la duda que te corroe es si podrás viajar entonces con los Erasmus de nuevo a Andalucía y ser su guía en lo que parece ser tu único viaje de ese estilo para este curso. Un trabajo podría salir en cualquier momento y privarte del sur y del intercambio en Bélgica. Qué sin vivir de semana. Qué estrés… Y has de presentar los tickets del avión antes del viernes, justo después del examen final de lo de auxiliar de vuelo… ¡Qué trajín!.

Qué velocidad, cómo pasan los días. Ayer estaba en Oviedo con la prima Charo y al momento veía Aída sentado en el sofá junto a mi madre. No hay distancias, llega el AVE. Todo va cada vez más rápido. Bueno… todo no. Al parecer, el debate no.

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